Bill Condon (Nueva York, 1955) tardó décadas en conseguir los derechos de la obra homónima de Manuel Puig, El beso de la mujer araña (1976), cuyo éxito le significó numerosas adaptaciones: desde obras de teatro hasta su primera adaptación al cine en 1985 por el director Héctor Babenco (1946-2016). La cinta, protagonizada por William Hurt, Sonia Braga y Raúl Juliá obtuvo diversas nominaciones y la interpretación de Hurt le concedió el premio al Mejor Actor en el Festival de Cannes y en los Oscar.
Pero es la versión musical de 1993, escrita por John Kander y Terrence McNally, la que inspiró a Condon para adentrarse en este proyecto al estilo de Chicago y Dreamgirls, ambos musicales en los que trabajó y que lo pueden catalogar como conocedor del género. Sin embargo, el resultado de esta última entrega no consigue el mismo impacto que sus producciones anteriores.
Como en el libro de Puig, la historia transcurre en una prisión argentina. Es mayo de 1983 y el país todavía sigue a merced de la represión del entonces gobierno miitar de facto. En esta cárcel comparten celda Valentín Arregui (Diego Luna), un preso político de tendencias marxistas, y Luis Molina (Tonatiuh Elizarraraz), quien se autopercibe como mujer y cumple una condena por delito sexual.
Lo que no sabe Valentín es que su nuevo compañero de celda también es un informante del director del recinto penitenciario, ya que las torturas parecen no ser suficientes para que Arregui entregue la información que buscan los militares. Si lo consigue, Molina obtiene la libertad condicional.

Lo más interesante de la película ocurre con las interacciones y el contraste entre Arregui y Molina. El diminuto espacio que comparten se divide en dos personalidades opuestas: de un lado, el catre y los libros de Valentín; del otro, una cama envuelta en una cortinilla de piedras y un gran póster de Ingrid Luna (Jennifer Lopez), la protagonista de la película favorita de Molina, El beso de la mujer araña.
Es a través de esta ficción —que Luis se sabe de memoria— que los personajes entablan una conexión mientras se desarrolla el filme. Valentín no muestra un interés inmediato por esta fantasía cursique Molina le cuenta con gran entusiasmo y detalle, pero con el pasar de los días se engancha con la historia que sigue a la Luna y descubre en esta dinámica una vía de escape que los mantiene lejos de la realidad carcelaria. Hasta ahí bien.
En calidad de musical, la película no tiene ninguna canción que trascienda y su contenido aporta poco o nada al filme. Si bien Lopez deslumbra en las coreografías y domina la escena vocal, no es suficiente para que el espectador se emocione y se involucre con lo que ve, algo clave para un género que corre mayores riesgos por no ser del gusto de todo público.
Por otro lado, el aterrizaje del mundo onírico al real es estrepitoso y le resta naturalidad a todo el conjunto. Varios de sus elementos, como diálogos o puestas en escena, se ven impostados y superficiales si se considera el trasfondo social y político que caracteriza a la novela argentina. Pero lo anterior deja claro que Condon no quiere ahondar tanto en eso porque le resulta incómodo y ajeno. A su vez, explota el plano fantasioso de Molina basado en el Hollywood de antaño, aunque sin mucho éxito.
Aunque presa del clicé y deliberadas exageraciones, la interpretación de Tonatiuh como Luis Molina saca a flote esta película. Su agilidad y energía lo meten en la piel de ese personaje carismático, sensible y de instinto maternal. De los tres, el personaje de Molina es el mejor logrado, porque convence y es posible empatizar con su historia. Mientras que Valentín y Aurora cumplen, pero no llegan a complejizarse.

Sin embargo, las lentejuelas, decorados y coreografías con influencias de Cabaret desvían la atención de las debilidades que presenta la película. Ese magnetismo no puede ocurrir sin la presencia de López, quien brilla en sus números musicales y ofrece un espectáculo lleno de glamour y efervescencia.
Como resultado, la cinta estadounidense no termina de cuajar, porque da la sensación de que la historia del escritor argentino le quedó grande. Sin embargo, su director declaró en una entrevista para el diario El País que el proyecto nunca pretendió ser “ese gigante que tantos musicales intentan ser”, además de tener un escueto presupuesto para su realización.
Quizá el principal problema radique en el tratamiento del contexto social y político que, si bien nunca fue el foco del realizador, hubiera causado mayor emoción de ser abordado de una forma menos superficial. El exceso de artificios y la incongruencia narrativa hacen queeste melodrama se enrede, irónicamente, en su propia telaraña PP.
El beso de la mujer araña. Dirección: Bill Condon. Reparto: Jennifer Lopez, Diego Luna, Tonatiuh Elizarraraz, Bruno Bichir. Casas productoras: 1000 Eyes, Artists Equity, Josephson Entertainment, Nuyorican Productions. Drama musical. Basada en la novela homónima (Manuel Puig. Seix Barral, Barcelona, 1976). Duración: 128 min. Estados Unidos, 2025.
