En La voz de Hind Rajab, Kaouther Ben Hania ( Sidi Bouzid, Tunez, 1977) utiliza con sutileza la voz real de la llamada de auxilio de la niña a la Media Luna Roja de Palestina; con más delicadeza, aún, mezcla escenas de ficción con grabaciones hechas por el mismo equipo de la organización humanitaria para registrar lo que ocurría durante esta operación de rescate.
Sin utilizar una sola imagen de violencia explícita contra la niña, la directora emplea un lenguaje auditivo y emocional capaz de transmitir la atrocidad de la guerra y sus devastadoras consecuencias para la humanidad. Solo la voz de la niña es capaz de mover el piso de la sala, con su miedo, su angustia, su inocencia. El anhelo de que ese remezón se expanda por el mundo es claramente la bandera de lucha de Ben Hania y, luego, quizá, la de esa audiencia conmovida con la historia.
La voz de Hind se convierte en una poderosa herramienta narrativa; sin embargo, adquiere aún más valor y protagonismo al complementarse con la imaginación de la audiencia, de cómo cada persona vive la guerra, sabe de ella y siente por ella. La directora no plantea un combate, no muestra en imágenes un encuentro con las balas, y es que no es necesario para comprender cada detalle de este abuso porque es parte de un imaginario colectivo que no quisiéramos conocer.
Asimismo, la angustia y la rabia que siente el equipo de la Media Luna Roja en una pequeña oficina, se extrapola a la emoción y frustración de gran parte del mundo por el horror de esta y otras guerras. Los gritos del voluntario a su superior, siendo inspirados en una situación real, representan claramente el desafío a la autoridad y la impotencia de la población contra líderes mundiales que tienen en sus manos el destino de miles de personas que quedan en medio de la línea de fuego.
Cuando el equipo de voluntarios se enfrenta a este operativo tiene el objetivo claro de salvar a la niña y, aunque los obstáculos les desafían una y otra vez, son un símbolo de resistencia y humanidad. Superando sus propios miedos y emociones mantienen a la niña en línea para transmitirle tranquilidad en un escenario que está lejos de ser un juego. El compromiso de este grupo muestra una valentía excepcional en medio de condiciones extremas, poniendo en riesgo su propia seguridad.
Ben Hania, quien adquirió gran connotación mundial por su película nominada al Oscar “El hombre que vendió su piel”, ya había explorado las relaciones de poder y la vehemencia de una superioridad irracional entre seres humanos, pero es en este filme donde quizás la repercusión del tema podría tener más alcance. Ciertamente es inevitable sentir empatía por cada uno de los personajes e involucrarse en este movimiento por la paz, la justicia, la libertad; pero esa pasión se vive aún de forma más profunda al saber que es una pequeña niña y al conocerla mientras avanza la historia, su nombre, su rostro, su sonrisa, su mirada.
Los niños y niñas víctimas de la guerra representan una de las heridas más profundas y dolorosas de los conflictos, simbolizan la vulnerabilidad extrema de la población civil que sufre las consecuencias de enfrentamientos armados desmedidos. La transgresión de sus derechos básicos, a vivir en paz, a tener acceso a educación, salud y protección, debe ser motivo para gritar con más fuerza y llamar al fin de la violencia. Ben Hania encontró en La voz de Hind Rajab un amplificador de máxima potencia para luchar contra la guerra y sus malditas consecuencias.

¿Cómo podemos hacer eco de la voz de Hind Rajab? ¿Cuántas personas más tendrán que quedar sin palabras y con un nudo en la garganta para que terminen las guerras en el mundo? ¿Es posible llegar a casa y seguir la vida como la llevábamos hasta el día en que conocemos esta historia? No, definitivamente no y, sin duda, la vida nunca será la misma y la catarsis que se hace después de ver esta película es lo que le dará vida a ese eco, porque de alguna manera ese mensaje tiene que salir de la sala del cine y llegar a todo el mundo.
EL DOLOR DEL MUNDO ROMPIO LA ALEGRIA EN CASA
Si la intención del Femcine era abrir su versión 16 con una película de alto impacto, lo logró. Después de la algarabía por el recuentro, la ceremonia de lanzamiento, el reconocimiento a Roser Fort, directora del Centro de Arte Alameda, por su entrega a la difusión del gran cine, la sincronía dentro de la sala entre silencios y suspiros durante la proyección era casi perfecta. Es la respuesta que debe Ben Hania y que quiso lograr la organización del certamen en Chile. Tras el fin, no hubo aplausos, sino un sobrecogimiento absoluto.
Llevé conmigo a mi hija de 14 años, no solo porque está aprendiendo de feminismo y poniendo en valor el trabajo que realizan mujeres en diferentes áreas como lo hace Femcine, sino porque el cine educa, abre el debate e invita a la reflexión. ¿Qué hizo ella al día siguiente? Les contó a sus amigas sobre esta historia, les dijo que era un hecho real, que hay una guerra injusta al otro lado del mundo y que por ello mueren miles de personas, niños, niñas. Hizo eco de la voz de Hind Rajab.
¿Podremos tener esperanza de paz al hacer eco de la voz de Hind Rajab? Voy a confiar en que sí. Si cada una de esas personas de la audiencia volvió a su rutina y la rompió contando lo que había visto, igual como lo hizo mi hija, entonces, sí la hay. PP.
La voz de Hind Rajab. Dirección: Kaouther Ben Hania. Reparto: Saja Kilani, Motaz Malhees, Clara Khoury y Amer Hlehel. Casas Productoras: Mime Films (Túnez), Tanit Films (Francia), con participación de JW Films, RaeFilm Studios y Willa. Docudrama. Duración: 89 min. Túnez-Francia, 2025.
Nota de la edición
Este filme llegará prontamente a plataformas de streaming.
