“Murió el paciente de la machi-macho” decía el titular del diario La Cuarta en su momento y el que es mostrado en los primeros minutos de los setenta en total de duración del filme. Desde la violencia de aquella cobertura, y de su propia experiencia como persona disidente, surge la investigación de Cons Gallardo y que se puede resumir en algunas preguntas: ¿qué pasó con esta machi?; después de desaparecer del ojo público tras la controversia, ¿qué fue de ella?, ¿sigue viva?
En ese sentido, el documental es investigativo y reflexivo. La historia sigue a los realizadores en su pesquisa, décadas después de esta errónea acusación; al mismo tiempo que surge Cons, frente a cámara, como segunda protagonista con su propia historia a contar.
Sin ascendencia indígena ni cercanía previa al mundo mapuche, la realizadora se enfrenta al desafío de aproximarse a este cruce de experiencias. Como primera aproximación, conversa con un artista trans de ascendencia mapuche, quien relata el estigma asociado a un apellido, el que “ha sido una marca de violencia”. Tratado como “maricón y mapuche”, también recuerda que su abuela le decía que en su cultura “no hay maricones”. Su testimonio introduce las tensiones que atraviesan la disidencia sexo-genérica en relación con la identidad mapuche y permite aproximarse a algunas de las violencias que también atraviesan la historia de la machi.
Pero también, desde una voz en off, el filme habla de la figura del machi weye. Resulta que, sin mucho reconocimiento público, existía la figura de machis nacidos hombres, pero cuya identidad es una mezcla de atributos femeninos y masculinos. Estos machis no binarios, como si diría ahora, eran socialmente aceptados e integrados en la sociedad mapuche. Así, al menos, hasta la conquista española, y los prejuicios y roles de género que esta cultura trajo e impuso. Desde entonces, el machi weye fue estigmatizado como “sodomita y puto”, y por ende casi olvidado. Es allí donde la machi Marcelina llama la atención como figura, en especial por la cobertura mediática que vivió.

Pese a la fuerte premisa, con lo particular de este cruce entre dos mundos que ya por sí solos son invisibilizados por la sociedad, y con la historia de una figura simbólica espiritual que vivió este cruce bajo el escrutinio público, el desarrollo de la trama no es siempre nítido y satisfactorio.
La bien declarada exterioridad al mundo mapuche por parte de la realizadora, resulta ser un obstáculo al momento de desplegarse en la secuencia de hechos y en el diálogo. Como cuenta en entrevistas, fue un largo trabajo de acercamiento y aceptación por parte de las personas de ese pueblo ancestral. Pero esto tampoco es desplegado orgánicamente como conflicto, ya que rápidamente se alcanza una respuesta a la interrogante sobre el paradero de la machi.
Las preguntas que plantea el largometraje son manejadas de forma limitada y dispar. Desde el punto de vista de la sensibilidad, quizá no es necesario ahondar en el detalle de lo que sufrió la machi y la acusación que se le hizo, pero con no haber profundizado sobre esto en el inicio, queda el espacio para conocer más de lo que vivió en el resto del metraje, a través del diálogo, o de otras perspectivas no autorales. Pero esto tampoco se da con claridad.
A la machi Rosa, por ejemplo, que ayuda a Cons en su investigación, le pregunta si había visto la cobertura de lo que le pasó a Marcelina, ella dice que no. Y ahí queda la conversación. Más allá de la presentación del documental, este no logra profundizar en la empatía de lo que involucró esta detención, ni porqué ocurrió lo que ocurrió, o qué llevó a que fuera detenida.

Las dificultades en la comunicación limitan el despliegue autoral y, con ello, la profundidad de los temas abordados. Si bien las conversaciones inconclusas no son inherentemente negativas, en este caso dificultan la articulación de las historias y dejan interrogantes sin resolver. En ese sentido, el tiempo sustancial dedicado a Cons, y su acuerdo de unión civil con su esposa, termina por adquirir un carácter ambiguo: más que funcionar como un paralelo entre distintas experiencias disidentes, parece compensar la dificultad de construir un diálogo orgánico que permita desarrollar la historia de la machi.
En algunas escenas, se hace evidente que parte del rodaje fue durante la pandemia, por el uso de mascarillas. Pero es algo que está on and off, y no integrado a la narrativa mucho más allá de su espontánea aparición. ¿Cómo fue moverse, investigar con aquellas dificultades? ¿Qué tanto tiempo pasó entre hitos? De pronto, en una escena, sin mayor preámbulo, se le da a conocer al público que la visita a la localidad mapuche estaba enmarcada alrededor del eclipse de la Araucanía en 2020.
Además, un hito trascendental al final del largometraje, ruega la pregunta sobre su temporalidad y desde qué momento se monta realmente la historia. Asimismo surge la idea de que, quizá, se vieron obligados a usar el material disponible y sacarle el mayor jugo posible a una historia difícil de contar. Y uno se cuestiona el por qué están las escenas y recursos que aparecen.
De todas formas, el relato de Marcelina, lo esclarecedor de mente frente a temas espinosos, y el respeto explícito que se da a su persona, dan un gran valor de registro al filme.PP
La búsqueda del otro. Dirección: Cons Gallardo Vásquez. Guión: Cons Gallardo Vásquez, Daniel Díaz Oyarzún. Producción: Cons Gallardo Vásquez, Esteban Sandoval Carrasco. Dirección de Fotografía: Raúl Moncada. Montaje: Daniel Díaz Oyarzún. Casa Productora: Pejeperro Films. Documental. Duración: 70 min. Chile, 2025.
Participación en festivales:
-37 Festival Internacional de Cine de Viña del Mar, Competencia Largometraje Nacional, Chile.
-Mención Honorífica en el XIV Encuentro Hispanoamericano de Cine y Video Documental Independiente Contra el Silencio, categoría Género, Cuerpos e Identidades, México.
-1er. Efímera Festival de Cine Itinerante al Sur del Mundo, sección Cine Queer, Coyhaique, Chile.
