LA CRONOLOGÍA DEL AGUA: EL CUERPO TIENE MEMORIA

Quizás la dirección siempre estuvo en el destino manifiesto de Kristen Stewart (Los Angeles, California, 1990). La actriz estadounidense, cuyo ascenso a la fama vino de la mano de una de las sagas juveniles más taquilleras de todos los tiempos (Crepúsculo, 2008-2012), se negó a seguir la vía tradicional de Hollywood y por más de 15 años dominó el circuito independiente internacional con películas dirigidas por Oliver Assayas, Pablo Larraín y David Cronenberg. Parecen decisiones osadas para una artista que pudo haber transitado por un camino concreto, pero que optó por una vía más inestable… Un camino más húmedo.

Y definitivamente ha sido un camino: La cronología del agua (2026) tardó ocho años en entrar a producción, un proceso árido que no desmotivó a Stewart pese a que, más de una vez, le dijeron que sería un proyecto completamente infinanciable. Trataba, después de todo, de la fragmentada autobiograífa de una escritora en la que se juntan incesto, drogadicción, descubrimiento sexual, la pérdida de un hijo, entre otras tragedias/infortunios. Desconexión y conexión.

La escritora en cuestión es Lidia Yuknavitch (California, 1963) quien antes de dedicarse tiempo completo a la escritura fue una nadadora con pretensiones olímpicas y cuya infancia estuvo marcada por los abusos cometidos por su padre hacia ella y su hermana.

De forma lineal, la adaptación puede leerse como una historia sobre reclamar el deseo propio, de nadar hacia él luego de que este te ha sido arrebatado. Se trata de un proceso que toma tiempo, años, y en el caso de Lidia (interpretada por Imogen Poots), incluye caídas que dejan moretones y sangre por todas partes.

Sin embargo, a través de los ojos de Stewart este no es un relato testimonial y no sigue, por lo tanto, los eventos como una serie de secuencias administradas por la causa y el efecto. “Pensé en comenzar desde el principio, pero no es así como lo recuerdo” dice Lidia durante los primeros minutos del filme. “Es más bien una serie de fragmentos”. 

Dicen que el cuerpo humano está compuesto por un 60% de agua. Pues La cronología…  está compuesta en su mayoría por el cuerpo. Los eventos filmados no actúan como meras representaciones de lo que realmente ocurrió, algo habitual en esta clase de adaptaciones, más si como un reflejo de la forma en que el cuerpo humano experimenta la memoria. En su propuesta busca proyectar cómo es que masa y materia reciben el trauma y lo transforman, ya sea en dolor, excesos, amor y hasta arte. 

Este experimento puede sostenerse por dos razones. La primera es su formato: la decisión de filmar en su totalidad en 16 mm para evocar impresiones fotográficas que lleva a percibirlo como fragmentos de la vida de alguien, mientras que el motivo líquido del guión permite seguir el hilo conductor de forma muy táctil. La cronología del agua es una película que se siente físicamente.

La segunda razón es la actuación de Imogen Poots, que comanda estos fragmentos de forma demoledora. Demás está decir que debe tener los ojos más llamativos de la industria, los cuales usa a su favor con una interpretación que abraza la fisicalidad que se le exige con un erotismo confrontacional.  Hay en la dirección también una decisión consciente por grabarla a ella siempre como protagonista de cada plano, dejando a los secundarios (algunos notables, como el Ken Kesey de Jim Belushi) orbitando a su alrededor. 

¿Cuántas metáforas sobre el agua existen? Tan infinitas como lo es el mar y todas se encuentran en los 128 minutos que se extiende este largometraje. Como buen debut, La Cronología no escapa de exponer el carácter pretencioso de alguien que cree que esta es su única gran oportunidad comandando en la gran pantalla, algo que se evidencia en decisiones como la sucesión irregular de zooms bruscos, cortes abruptos que casi no forman una escena y la paleta de colores que solo puede ser conmemorativa a la tradición de la Nouvelle vague.

Pero incluso cuando se siente sobre dirigida es una película atrevida, cruda y honesta. Cuando es “demasiado”, es un “demasiado” genuino; apuesta por el uso de un lenguaje poético en su narración (presuntamente extraído de la obra literaria en la que está basada) y en su propuesta visual, enfatizando la inexistente distinción entre realidad y ficción. No se cuida (ni busca hacerlo) de relacionar el deseo con el trauma, los excesos con el afecto. Así, la voz de la protagonista navega cómodamente en su relato, aunque eso signifique incomodar a la audiencia.PP

La cronología del agua. Dirección: Kristen Stewart. Guion: Kristen Stewart y Andy Mingo, basados en las memorias homónimas de Lidia Yukmavitch. Reparto: Imogen Poots, Thora Birch, James Belushi, Tom Sturridge, Kim Gordon. Dirección de fotografía: Corey C. Waters. Casas productoras: Scott Free Productions, CG Cinéma, NeverMind Productions, Forma Pro Films. Drama. Duración: 128 min. Reino Unido, 2025.

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