Hay una tríada, al menos, de cineastas chilenos de mediados del siglo pasado que funcionaron como bisagra entre un cine anecdótico, de tarjeta postal o costumbrista y el llamado Nuevo Cine que buscó presentar y reflexionar sobre la realidad nacional. Sus nombres son, en general, poco conocidos y si algo se sabe de ellos es apenas por una película.
Me refiero a Naum Kramarenco, Patricio Kaulen y Alvaro Covacevich. Con mayores o menores aciertos, estos cineastas de los 50, 60 y primeros 70 prepararon al público para encontrarse con algo más que humor y complacencia. Hoy es posible ver algunas de sus películas en la Cineteca online de la Cineteca Nacional de Chile, pero siempre es mejor enfrentarse a ellas en una pantalla de cine. Esto es posible durante este mes con cuatro filmes de Covacevich programados por el Círculo de Periodistas en su Teatro Camilo Henríquez. Más valor tienen aún estas funciones porque cuentan con la presencia en la sala del nonagenario pero siempre lúcido realizador.
El ciclo partió esta semana con Morir un poco, que tiene el récord de haber llevado a la sala Windsor, hoy inexistente, 200 mil espectadores en más de ocho meses de presencia en cartelera, desde marzo de 1967. Una hazaña, más aún si se piensa que es un filme en blanco y negro, sin diálogos, que muestra la vida (o no vida) de un gris funcionario bancario.
En mayo de 1967, Covacevic declaraba a la revista Ecran lo siguiente sobre su cine:
“A mí, personalmente, no me interesa hacer un cine de mera entretención, con criterio comercial. Hacer cine de tipo comercial sería competir con el cine norteamericano o italiano (por citar dos ejemplos), que hacen lo mismo y mucho mejor, ya que disponen de más dinero, mayor técnica y las infaltables estrellas. Me interesa hacer algo distinto, siempre distinto. Un cine de expresión y pensante. Algo así como un diálogo entre nosotros mismos o un análisis de nuestra realidad. Buscar un lenguaje propio en colaboración con todos los artistas chilenos (actores, escritores, técnicos). Morir un poco es para mí un camino para profundizar aun más en mi labor futura”.
Y en su labor futura surgió la segunda película del ciclo: New love, considerada la primera (y casi la única) que asumió como protagonistas a los jóvenes hippies, presentados como los rebeldes que se oponían al sistema, y que será parte del ciclo el lunes 14 de septiembre.

Como dice el afiche del filme, su revolución era la de las flores y su acción, la de la no acción: es decir, salir completamente del sistema, no estudiar, no trabajar y amar. Estrenada un año antes del fenómeno de Woodstock, y coetánea del Mayo del 68 francés, no deja de ser notable en el sentido de tomar el pulso de cierta parte de la juventud, acercándose más a Woodstock que a los universitarios y obreros parisinos. Aunque no se trata de un documental, cabalga un poco sobre los lomos de dos caballos: el registro y la ficción.
Pero el amor y la paz predicados por el filme resultaron armas muy agresivas para un Chile pacato y moralista. La película fue calificada para mayores de 21 años, lo que hizo que sus protagonistas no pudiesen ir al estreno. Y su afiche, con la pareja central (Giovanni Carelli y Josefina Ladrón de Guevara) besándose con el torso desnudo, fuera prohibido por el alcalde de Santiago, el democratacristiano Manuel Fernández Díaz.
La censura hizo decir en su momento lo siguiente al realizador, en una entrevista concedida al diario El Siglo, en agosto de 1968, antes del estreno del filme.
“Me parece increíble que a personas que actualmente cursan tercero o cuarto año en carreras universitarias, como Medicina, Sicología o Ciencias Sociales, les sea prohibido ver una película que plantea un problema precisamente relacionado con la juventud actual. [Esta juventud] busca en este momento solo una posibilidad de reencontrarse con su origen natural y la posibilidad de ser feliz a través del amor, aunque sea una hora o un día”.
Sus protagonistas estaban fuera del sistema porque, según el cineasta “tienen responsabilidad moral y porque se sienten responsables de los vergonzosos acontecimientos de nuestra época (…) La juventud mía está tan defraudada que ellos no encuentran otro camino en la felicidad del ser, que en la búsqueda de sí mismos”.
Rodada en Viña del Mar, la película fue admirada en su momento por su fotografía, la que estuvo en manos de Andrés Martorell, sin duda uno de los grandes cinematografistas de la época. Si bien la crítica no la descalificó, la consideró ingenua en sus planteamientos sin llegar a ser subversiva en ninguna forma. Hoy la vemos como un retrato interesante de cierta juventud burguesa de la que poco se ha hablado o mostrado en el arte chileno.
La copia que exhibirá el ciclo del Círculo de Periodistas y Primer Plano corresponde a la restauración realizada entre 2021 y 2022 en los laboratorios de la Cineteca Nacional de Chile. Allí trabajaron con copia conservada en las bóvedas de la institución, unos negativos incompletos y una copia 35mm. Estas últimas pertenecen al director del filme y fueron repatriadas desde México, donde Covacevich no solo pasó su exilio, sino se integró con éxito en el mundo cultural al punto de recibir, en 2012, la Orden del Águila Azteca, máximo reconocimiento del gobierno mexicano a un extranjero.
REGISTROS HISTORICOS
La visita de Fidel Castro a Chile, en 1971, supuso la realización de tres filmes que registraron su paso por el territorio. Pero el que se constituyó en un hito, en un documento histórico, fue El diálogo de América, de Covacevich.

En revista Ercilla de la época y, por el estilo, probablemente escrito por el crítico y periodista cultural Hans Ehrmann, se puede leer:
“El reportaje tiene evidentes méritos –aparte de su valor histórico- como visión de un encuentro trascendental de esta época, dirigido a un público masivo. En el documento se ve a ambos gobernantes –sin perjuicio de la posición personal que cada cual tenga respecto de sus ideas- opinando sobre aspectos fundamentales de sus programas, de sus estrategias y de sus criterios ante problemas de sus naciones, de América Latina y del mundo.También queda como lección lo que es la columna vertebral del encuentro dialogado: las realidades de Chile y Cuba son distintas”.
La filmación se hizo en el jardín de la residencia de Allende, en la calle Tomás Moro, mientras Covacevich estaba detrás de la cámara y el periodista Augusto Olivares hacía las preguntas. Sigue Ehrmann: “La mañana primaveral realza el brillo de la imagen y no parece el marco apropiado para los temas candentes que se trataron en la entrevista: revolución, imperialismo, destrucción de las oligarquías, dependencia cultural y económica, etc.”.
Más allá de lo cinematográfico, hoy y tras el paso y el peso de la historia, este documento muestra parte del cúmulo de ideales y pensamientos que movilizaron a un sector de América Latina. Es probable que a la luz de los acontecimientos actuales, verlo deje cierto sabor amargo… pero siempre es y será bueno hacer memoria. En el Teatro Camilo Henríquez podrá ser visto el lunes 21 de septiembre.
El último filme del ciclo es Chile, el gran desafío, que será exhibido el lunes 28. Estrenado en marzo de 1973, es el registro de la gira internacional de Salvador Allende. Muestra los discursos del mandatario desde Unión Soviética a Cuba, pasando por México y por la sede de las Naciones Unidas. Siguiendo con lo que se dijo en el estreno, en Ercilla se lee:

“El documental dura dos horas y –a pesar de que no se hace cansador- podría haber ganado reduciéndose en unos veinte minutos. Aunque muchas de sus secuencias son conocidas por otros filmes internacionales sobre países y lugares del mundo, lo importante es que se trata de un resumen con caracteres periodísticos de la gira presidencial. Este es uno de los méritos más definitivos de la cinta, y no es una casualidad, pues la documentación estuvo a cargo de las periodistas Marcia Scantlebury y María Teresa Diez. También hay que destacar la música de Los Amerindios, que interpretan en su estilo pasajes melódicos relacionados con el país descrito en las imágenes”.
Un recorrido por el cine de fines de los 60 y comienzos de los 70, donde el público asistente podrá hacer sus preguntas al propio Covacevich y permitir que el realizador sepa directamente cómo llegan hoy sus filmes, sin duda marcados por una clara ideología política, y a la vez representativos de una época llena de épica y también de contradicciones. PP
Coordenadas
New love. Lunes 14 de septiembre
El diálogo de América. Lunes 21 de septiembre.
Chile, el gran desafío. Lunes 28 de septiembre.
Todas las funciones son a las 18:00 horas
Teatro Camilo Henríquez. Amunátegui 31
Entrada libre.
Todas las funciones serán moderadas por Hans Stange, académico e integrante del equipo editor de Primer Plano y contarán con la presencia de Alvaro Covacevich.
