CELESTE ROJAS MUGICA Y EL ARCHIVO COMO POTENCIA

El largometraje Una sombra oscilante trata sobre el diálogo entre padre e hija, al calor del acontecimiento en que aparecen las imágenes reveladas durante el encuentro alquímico en un cuarto oscuro. Además de los registros propios realizados por Celeste Rojas, el filme recupera los archivos fotográficos –su origen y derivas– capturados por el padre en tiempos de dictadura y post dictadura, y que ella recolectó durante años. Todo acompañado de reflexiones profundas sobre este proceso y la búsqueda de los fuegos que persisten de esos registros.

La película fue estrenada en 2024, pero recién 2026 llegó este año a salas chilenas de distintas regiones del país gracias a Miradoc. Después de dos años del estreno y de ser multipremiada a su paso por festivales nacionales e internacionales, la directora reconoce lo maravilloso de ver la vida propia que tienen las películas, ya que durante todo el proceso de montaje, a solas, nunca tuvo real conciencia qué tipo de sentir e inquietudes iba a despertar en tantas personas. 

Celeste nació cerca del fin de la dictadura; es hija de papá chileno y de mamá argentina, emparejados en Ecuador, donde vivieron cada uno el exilio de ambas dictaduras. Allí nacieron sus hermanos mayores y en 1986 regresaron a Chile. Ella nació al año siguiente y recuerda sus primeros años observando la cordillera en su barrio de la comuna de La Florida.

–Mi infancia fue muy libre en ese lugar, teníamos el privilegio de estar jugando todo el rato afuera de la casa, con muchos niños y niñas que venían, al igual que yo, de padres y madres de distintos países o que habían vivido parte de su vida afuera, en el exilio. Por ende, la experiencia política de la violencia institucional, estaba rondando en la memoria de todo el mundo. La cordillera estaba muy cerca y yo sabía que mi mamá venía del otro lado y que mis papás habían tenido que cruzar la cordillera para vivir en este lugar. Para mí, ese imaginario estaba y está todavía muy presente, había una revelación con el territorio, con el paisaje, que estaba atravesada por esos desplazamientos forzados en gran medida. 

Ya en transición, llegó la mudanza familiar hacia otro barrio, donde Celeste supo que no podía contar lo que realmente eran ella y su familia. Creció con una idea muy fuerte del miedo y con la preocupación de no decir algo fuera de lugar. Se fue de Chile, a Uruguay y compró un escáner de negativos, donde comenzó a escanear el material que constituye su película. Eran negativos en muy mal estado, que recopiló y conservó desde su adolescencia. Esos archivos tenían un carácter familiar e íntimo, paisajes de Ecuador y de viajes, pero otros tenían un marcado carácter político que Celeste desconocía.

Por esto, empezó una correspondencia a distancia con su papá, en la que le hacía preguntas a partir de las fotos. Con el intercambio epistolar y el archivo de imágenes realizó una instalación en código de artes visuales y, luego, un fotolibro que lleva el mismo nombre que su película, Una sombra oscilante por el cual recibió, en 2017 y mientras recidía en Argentina,  el premio Rodrigo Rojas de Negri, al talento joven en fotografía, otorgado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile.

Reconoce que a partir de esta experiencia artística se fue estrechando la relación de su obra con los asuntos vinculados a la violencia institucional y la dictadura.

–Creo que de forma más consciente cuando me fui de Chile. Estoy volviendo después de 14 años de haber vivido afuera, me fui cerca de los 23 años y, en ese momento, ya había terminado de estudiar fotografía. Mi proyecto de tesis era un trabajo que fijaba la atención sobre el boom inmobiliario del centro de Santiago, donde botaban las casas antiguas y levantaban estos edificios gigantes. Yo retrataba las huellas que quedaban de esa antigua ciudad que iba desapareciendo, pero sin mucha conciencia de que eso respondía a un proyecto neoliberal de transformar la ciudad. 

­–En el proceso creativo de tu película, ¿qué es lo que viene a ti primero, las imágenes o los textos que se materializan en la voz en off?

­–Mucho antes de imaginar la idea de una película, mientras escaneaba el archivo, empecé a escribir sobre algunas fotos, sin un objetivo específico, sino por la motivación, el deseo y la obsesión por las imágenes. Escribí mucho durante muchos años, y más tarde hice un ejercicio que se convirtió en cortometraje, y empecé a probar esa combinación entre esta voz que describe algunas imágenes y otras en que yo describía lo que se había dado en conversación con mi papá. Cuando decidí hacer la película, yo sabía que la columna vertebral iba a ser la voz sobre esas imágenes. También escribí a lo largo de todo el proceso de rodaje y montaje. 

–En esta experiencia, de la voz en off como columna vertebral, ¿qué es lo que surge en esa relación?

Más allá de la película, a mí las imágenes me obsesionan y creo que eso tiene mucho que ver con ese amor que desarrollé por ellas con mi papá en un cuarto oscuro, siendo muy chica. La alquimia, que es como esa magia de ver aparecer una imagen, es algo que me marcó muy profundamente y creo que está muy arraigada como una matriz de mi personalidad, porque las imágenes para mí tienen carácter de ensoñación y son como algo muy difuso a la vez.

“A lo largo de mi vida, mucho más consciente, se conjugan muchos elementos y, en esa fascinación y obsesión, me interesa ponerme en relación con ellas. Creo que estos textos sobre las fotos son como una forma de aproximarme o de entrar en una suerte de conversación con ellas, de establecer una relación de intimidad, y provienen de ese interés por pensarlas o por sentir que la imagen es como el encuentro con ellas. No son una cosa dada que se me presenta y donde tengo que ir a encontrar una aparente verdad oculta, sino que pueden ser una cosa u otra, en tanto volvamos a encontrarnos con ellas.

­–¿Qué ha significado mirar con ojos de otros a través de archivos y qué carga conllevan cuando es tan familiar, son de alguien tan cercano?

–Los archivos tienen para mí un borde o hay una doble dimensión en ellos. Por una parte, te encuentras con la mirada de otro, pero también hay una mirada siempre nueva en esa relación que yo establezco con esa imagen que existe, y ahí siento que la mirada del otro, constituye de modo parcial esa imagen, no es un absoluto. Esa imagen de archivo documenta un encuentro, pero también hay un encuentro posterior, o solapado o en paralelo, en combinación o en simultaneidad, que se da cuando esa imagen se encuentra conmigo y yo me encuentro con ella. Creo que ese terreno más indeterminado o vibrante me interesa mucho. 

–Ahora que estamos en un retorno de la ultraderecha, donde incluso se reivindica el terrorismo de Estado, ¿cuál es la lectura que haces de esas imágenes de archivo que son parte de tu película?

–Creo que están inevitablemente renovadas y eso puede ser algo bueno o malo. Demuestran, justamente, que entendiendo el tiempo bajo otras asimilaciones y en su carácter fragmentario, son imágenes que siguen aquí porque no corresponden a un pasado que, en términos lineales, quedó atrás. Siento que esas imágenes están reverberando, que están aquí reclamando una cierta atención.

“También es muy doloroso percibir cómo están tan presentes. Pero hay otro reverso, que a mí siempre me interesa reconocer o incorporar a través de esas fotos, y que tiene que ver con la imaginación política que, siento, está contenida en esas imágenes. Esas fotos corresponden a un momento muy singular en la vida de mi padre y de una generación, de un hombre que tenía el deseo de retratar un mundo y que más tarde incluso perdió ese interés y esa vitalidad por hacerlo. Lo que intento con ellas es ir a buscar algunos de esos fueguitos que para mí perviven en esas imágenes, donde se imaginaron otros posibles. Esas imágenes están en relación a este presente del horror, así como lo fue en un pasado, pero también están en relación con una potencial imaginación política que está siempre como ‘a punto de..’ que podríamos revivir. 

Premios obtenidos:

  • Mención especial, FIDMarseille, 2024. Francia.
  • Mejor Película Chilena, FICValdivia, 2024. Chile.
  • Gran Premio Competencia Internacional Ópera Prima, Festival Internacional de Documentales y Cortometrajes de Bilbao, (Zinebi), 2024. España.
  • Premio DOCMA a Mejor Documental, Festival de Cine Independiente de Barcelona L’Alternativa, 2024. España.
  • Mejor Película Competencia Nacional, Fidocs, 2024. Chile.
  • Mejor Documental, Festival de Cine de la Isla Hainan, 2024, China.
  • Premio Luis Ospina a Mejor Dirección, FICCali, 2025. Colombia.
  • Premio a Mejor Fotografía, Festival de Cine Chileno Fecich. 2025, Chile.

Una sombra oscilante. Dirección: Celeste Rojas Mugica. Montaje: Celeste Rojas Mugica, Mayra Morán. Fotografía: Natalia Medina Leiva. Cámara: Natalia Medina Leiva, Celeste Rojas Mugica. Diseño sonoro: Julián Galay. Sonido directo: Roberto Collío. Música original: Julián Galay, Violeta García. Producción: Florencia de Mugica, Xénia Maingot, Celeste Rojas Mugica. Casas Productoras: Bomba Cine, Eaux Vives. Producción Asociada: Elías Querejeta, Zine Eskola; Documental. Duración: 77 min. Chile, Argentina, Francia.

Para conocer las funciones disponibles de Una sombra oscilante visita la cartelera de Miradoc aquí:

Síguenos y haz click si es de tu gusto:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Translate »
Instagram