HAMNET: CONJETURAS SOBRE EL FANTASMA DE SHAKESPEARE

William Shakespeare (1564-1613) tuvo una existencia provinciana de la que se sabe poco. Un matrimonio precipitado, una cultura algo desmedida para coincidir con su historia personal y un regreso a casa triunfal, como el de Ulises. La diferencia con el héroe homérico es que su hijo había fallecido años antes. Se puede asegurar que la tragedia Hamlet se estrenó dos o tres años después del fallecimiento de Hamnet y que, algunos años antes, el Bardo había hecho un viaje con su compañía teatral al entonces recién construido castillo de Elsinore en Dinamarca, donde está ubicada la acción.

Por lo tanto, el terreno se muestra fértil para rellenarlo con materiales narrativos de cosecha varia y orígenes contemporáneos, sobre los que proyectar nuestras fantasías o para modelar precursores bajo los que cobijarse con impunidad. Hamnet surge de una novelista, Maggie O’Farrell, que parece buscar eso con bastante acierto, pero es evidente que no todas sus estrategias funcionan igual de bien. Más por falta de experiencia que de talento. La adaptación de la cineasta china Chloé Zhao aporta a disimular carencias, otorgar a la película una confección de calidad y a dirigir un reparto adecuado a una conjetura narrativa sobre la penosa muerte de un hijo. Pero si su anterior éxito —Nomadland (2020)—  no logró convencer al mercado internacional, pese a haber obtenido un Oscar, en este caso los dados están cargados de partida. El nombre Shakespeare atrae, aun a los menos doctos de los espectadores.

Adaptado al cine desde finales del siglo XIX su obra ha pasado por la pantalla en todas sus variantes posibles. Hamlet, por su lado, es el personaje dramático que más adaptaciones ha conocido en pantalla. Desde Sarah Bernhardt a Mel Gibson, pasando por una versión soviética (Grigori Kózintsev, 1964) y por El rey león: una sandía calada.

El relato comienza con Agnes, mayoritariamente llamada Anna (Jessie Buckley) buscando hierbas y flores aromáticas silvestres en el bosque de Arden, cercano a su Stratford natal, un territorio que al futuro dramaturgo obsesionará particularmente (designa su apellido materno y aparece varias veces en su obra dramática). Allí se cruza con William (Paul Mescal). El bosque es escenario de cambios confusiones, pérdidas y prodigios, y es el que aparece representado en el telón pintado final como símbolo de un origen natural y misterioso. Puede que sea esta la imagen más poderosa que la película agrega al imaginario asociado al gran dramaturgo.

La posible historia de amor, su rápido matrimonio, el lado natural, salvaje y maternal de ella y las ansias de mundo de él, parecen simétricamente incompatibles. Aun así tendrán dos hijas y un hijo, Hamnet, cuyo nombre da título a la película y por extensión a su más famosa creación escénica. Hamlet es una variante ortográfica muy común para una época que aun no había instituido la ortografía unificada del idioma.

Según este relato ellos serían un modelo de amor familiar resquebrajado por las ambiciones, mal explicadas en la película, de William quien, al parecer, no tiene ninguna experiencia vital previa fuera de su región. Quizás eso dé origen a la escena en que él, neurótico y a la luz de una vela, verbaliza que no puede quedarse más en el hogar y ella, con un grado de comprensión casi temerario en aquel lugar y época, acepta que se vaya, aunque la cosa le guste poco. Él se irá y no alcanzará a volver a tiempo cuando la peste amenace su hogar. Las recriminaciones harán surgir el núcleo de la tragedia Hamlet.

Explicar la obra de un artista mediante las vicisitudes de su vida nunca ha permitido comprender la historia de las formas estéticas, las fuerzas puestas en juego y el grado de ocultamiento o explicitación simbólica que un creador otorga a su obra.

Que el niño Hamnet Shakespeare muriera en circunstancias imposibles de dilucidar, puede dar material dramático a la imaginación de los exploradores del pasado, pero no será más que una tentación algo fácil, una conjetura anecdótica. Esa puede ser la parte menos lograda del relato, pero a cambio los intérpretes son de lo mejor que se puede esperar y la ambientación, menos preciosista y más sobria de lo que las producciones de la industria propinan. La relación entre Agnes y su suegra Mary (Emily Watson, excelente actriz) pudo tener más de complicidades que de oposiciones obvias. La insistencia en prohibir que la nuera vaya al bosque a dar a luz por segunda vez parece arbitraria. La señora, que provenía de una familia de abolengo y buen pasar, parece aquí una puritana ignorante más y la joven una suerte de bruja ecológica iluminada. Oposiciones básicas para el maniqueísmo.

Lo atractivo de una operación como esta reside en la capacidad de recrear el mundo y la época del autor. Cautivo de Alejandro Amenábar lo acaba de hacer con Cervantes y sus años de prisión en Algeria. Tom Stoppard, recientemente fallecido, jugó con las vidas posibles de Rosenkrantz y Guildenstern en una obra de teatro que lo haría famoso y luego intervino en el guion de Shakespeare enamorado (1998) dirigida por John Madden y sobrepremiada en los Oscar de aquel año.

Más cercana, en el tono algo sombrío y penitencial de Hamnet, es la esmerada, menos luminosa pero bien escrita All is true (2018) del actor y directorKenneth Brannagh, cuyo narcisismo lo lleva a interpretar con oficio y un maquillaje excesivo, a Shakespeare en su regreso definitivo a casa, donde lo espera la analfabeta esposa (Judi Dench), sus dos hijas y varios esqueletos en el ropero, el más brillante de todos el que interpreta Ian MacKellan.

Volviendo al filme de Chloé Zhao: es una evocación convencional sobre un pasado transfigurado por ideas actuales, que posee un atractivo, tal vez transitorio, pero que sabe tocar los afectos familiares que a todos conmueven.

Hamnet. Dirección: Chloé Zhao. Guion: Maggie O’Farrell y Chloé Zhao. Elenco: Paul Mescal, Jessie Buckley, Emily Watson, Joe Alwyn, Jacobi Jupe, Noah Jupe. Dirección de fotografía: Lukasz Zal. Música Max Richter. Casas productoras: Amblin Entertainment, Hera Pictures, Neal Street Productions, Book of Shadows. Producción: Sam Mendes, Steven Spielberg. Drama. Duración:125 min. Reino Unido, 2025.

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