Durante su primera media hora, Marty Supreme parece seguir un camino conocido. La historia presenta a Marty Mauser, un joven obsesivo que busca respeto en el circuito del tenis de mesa de los años cincuenta. Nadie toma en serio su disciplina ni su sueño. La película promete un ascenso deportivo con torneos, derrotas y eventual redención. Ese esquema dura poco.
Josh Safdie (Nueva York, EEUU, 1984) rompe esa expectativa y transforma el relato en una descontrolada comedia de errores. El tono adquiere un ritmo nervioso y sudoroso. La cámara persigue a Marty por departamentos ruidosos, apuestas absurdas, romances incómodos y negocios improvisados. El ping-pong funciona más como pretexto que como centro dramático. El verdadero motor es la obsesión por la grandeza.
Marty vive para el hustle, esa lógica del esfuerzo constante que promete éxito a quien nunca deja de moverse. La película plantea que esa energía también es una ilusión peligrosa. El protagonista no busca felicidad ni vínculos. Persigue la idea de ser grande, incluso si el precio resulta devastador.
Timothée Chalamet (Nueva York, EEUU, 1995) entiende esa contradicción con absoluta entrega. Su interpretación combina encanto, arrogancia y desesperación. Cada escena vibra con una intensidad física. El actor grita, corre, apuesta, seduce y miente con la convicción de quien no puede detenerse. La interpretación sostiene buena parte del filme y explica su impacto durante la temporada de premios.
Los demás personajes orbitan como obstáculos o víctimas del impulso del protagonista. Gwyneth Paltrow (Los Ángeles, EEUU, 1972) interpreta a Kay Stone, una actriz casada con un millonario poderoso. La relación entre ambos mezcla deseo, manipulación y oportunismo, produciendo algunos de los momentos más incómodos del metraje. Otros personajes —la amiga embarazada, el compañero de apuestas y el anciano dueño de un perro desaparecido— aparecen como episodios dentro del desorden narrativo.

Safdie prologa el estilo que ya marcaba su filmografía junto a su hermano Benny, en títulos como Good time y Diamantes en bruto. La cámara busca tensión permanente. El ruido urbano invade cada escena. Los diálogos chocan entre sí. El montaje empuja la historia hacia adelante con ansiedad constante.
Ese método produce secuencias electrizantes. Las de tenis de mesa poseen una energía sorprendente. El montaje convierte el juego en una batalla física. Cada golpe de paleta suena como un disparo. La tensión deportiva funciona con eficacia, incluso cuando la película pierde dirección.
NO LOGRA TODO LO QUE QUISIERA
Pero el mismo impulso genera problemas. Marty Supreme acumula subtramas hasta formar una cacofonía narrativa. El filme parece confiar demasiado en el caos como motor dramático. El resultado produce momentos de agotamiento y una sensación de dispersión.
La ambición temática también queda a medio camino. Safdie intenta retratar el sueño americano desde la perspectiva de un joven judío en la Nueva York de posguerra. Marty busca moverse por el mundo con la seguridad de los hombres blancos dominantes. Quiere tomar lo que desea sin pedir permiso. Ese contexto sugiere tensiones sobre identidad, antisemitismo y ascenso social.
El guion menciona esas capas, pero rara vez las desarrolla. La película privilegia el movimiento antes que la reflexión. Varias ideas provocadoras aparecen y desaparecen sin mayor desarrollo.
Algo similar ocurre con la dimensión moral del relato. Marty Supreme no propone una historia de redención ni una caída trágica. Safdie observa a su protagonista con fascinación, incluso cuando arruina cada vida que toca. Marty estafa, manipula y abandona responsabilidades sin culpa. El filme registra ese comportamiento con una mezcla de crítica e ironía.
Esa ambigüedad genera incomodidad. La película parece cuestionar la cultura del éxito obsesivo, pero al mismo tiempo celebra su energía. El plano final sugiere cierta admiración. Marty quizá nunca crezca. Tal vez esa incapacidad forma parte de su impulso.

En ese punto la película revela su verdadera naturaleza. Marty Supreme no trata realmente sobre el deporte ni sobre la victoria. Trata sobre la obsesión por destacar en un mundo competitivo. Marty encarna una versión extrema de ese impulso. Vive convencido de que la grandeza justifica cualquier daño. Josh Safdie filma esa idea con entusiasmo feroz. El resultado es una película sincera, irritante y a ratos fascinante, que combina humor negro y un retrato corrosivo del ego masculino.
Marty Supreme deja sensaciones contradictorias. Contiene momentos extraordinarios, pero también evidentes excesos. Safdie confía demasiado en el caos que tan bien funcionó en sus películas anteriores. Aún así, la película captura algo reconocible en nuestro tiempo: la obsesión por destacar, competir y convertirse en alguien memorable.
Marty Mauser funciona como un espejo incómodo. No es un héroe ni un villano. Representa una fantasía de grandeza que todavía seduce a muchos. Un sueño brillante, delirante y profundamente agotador.
Marty Supreme. Dirección: Josh Safdie. Guion: Joshua Safdie y Ronald Bronstein. Reparto: Timothée Chalamet, Gwyneth Paltrow, Odessa A’zion, Abel Ferrara y Tyler the Creator. Dirección de Fotografía: Darius Khondji. Montaje: Ronald Bronstein. Música: Daniel Lopatin. Casa productora: A24. Comedia dramática deportiva. 150 min. Estados Unidos, 2025.
