TEJIDOS, TRAMAS, ENTRELAZAMIENTOS

Es común, en los tiempos que corren en la academia, presentar textos y libros que estudian las representaciones en el cine de colectivos, comunidades y personajes. Eso está muy bien. Pero La imagen borrada. Ficción, audiovisual y wallmapu (Editorial Palinodia, 2025), no se concentra en ello pues no lo pretende. Y no lo pretende, porque José M. Santa Cruz no trata de establecer cuál es la imagen real de lo mapuche en tal o cual serie, en tal o cual novela, o producto cultural. Porque si lo hiciese trataría de reconocer, en muchos casos vía análisis de contenido, rasgos de un ideal de la representación, como si el despliegue audiovisual fuese lineal. Y, sobre todo, transparente, como si la representación pudiese ser igual a lo representado.

El volumen parte, también, con un posicionamiento: “la vigilancia militarizada del Bíobío -–gracias a una de las herramientas centrales del carácter dictatorial de la Constitución de 1980-”. Como dice el autor: en eso estriba la “urgencia” y el nacimiento de La imagen borrada. De la misma manera, se plantea como objetivo para toda su extensión repensar las certidumbres del dispositivo colonial, o, como dice Carlos del Valle en su libro La construcción mediática del enemigo, reenfocar, problematizar la matriz colonial que recorre la República. Dice el texto de José Santa Cruz Grau:

Repensar las certidumbres como parte de un dispositivo colonial: la pregunta por la desaparición visual de lo mapuche desestabiliza las certidumbres que han construido el edificio teórico y estético del cine chileno hasta la actualidad y obliga a repensarlas como parte de un dispositivo colonial que, desde su condición de cinematografía periférica, ha construido un tipo de imagen que responde de forma orgánica al proyecto conservador expansionista llevado a cabo por la República de Chile”.

Reconozco en las que siguen las preguntas que gatillan el texto. ¿Dónde está la imagen del pueblo mapuche en la historia del cine chileno? ¿Cómo se ha articulado su ejercicio de borradura y reinscripción en el imaginario audiovisual local? Para responder esas provocaciones, debemos decir que este planteamiento supone un desafío: el de problematizar lo mapuche en el marco del audiovisual, pero no solamente. Y esa problematización, que escamotea a las representaciones, como ya dijimos, implica pensar en la “constancia permanente de su ausencia, y en especial el conflicto soberanista que se ha ido articulando desde 1998”.

La ausencia de imagen de lo mapuche, claro, no está en la fotografía que fijó un mundo posible o un horizonte de sentido en torno a ella, y que la hace presente porque promueve su comparecencia en la contemporaneidad. Aquí son consistentes y muy contundentes los trabajos de la profesora Margarita Alvarado. En el audiovisual chileno, la ausencia estaría determinada porque en distintas épocas se ha subordinado lo mapuche a lo chileno. Lo que da cuenta que la matriz colonial sigue operando, a veces con matices, pero funcionando como un dispositivo de interpretación.

Al respecto, se lee en el texto:

“(…) el colonialismo no acabó entre 1810 y 1818, sino que el proyecto histórico eurocéntrico del Reino de España tuvo su continuidad republicana durante el siglo XIX con el proyecto portaliano a partir de 1833, luego en la instauración de la disputa por la chilenidad como identidad homogénea en el siglo XX y en el presente con su actualización neocolonialista empresarial posestatal, expresada en el estado de excepción constitucional continuo en la llamada Macrozona Sur, un eufemismo republicano para denominar al Wallmapu”.

ESTÉTICA DE LO AUSENTE

La imagen borrada instala puntos de fuga porque la hipótesis es que la ausencia “es el eje organizador de la repartición de lo sensible en su expresión estética de lo visible”. Sin embargo, instala una paradoja: porque solo ponderando las ausencias de lo mapuche “en la ficción cinematográfica-audiovisual chilena, esa imagen borrada, clausurada a lo visible, es posible hablar de sus presencias”.

Al respecto dice el texto:

A excepción de un plano de cuatro segundos de Bernardo Valenzuela, unas cuantas tomas de Robert Gerstmann en los años cincuenta y otras tantas hechas por Sergio Bravo en 1960, desde 1926 hasta 1970 no se realizó ninguna producción cinematográfica ficcional o documental en la que lo mapuche fuese representado seriamente”.

José Santa Cruz está pensando en “totalidades” significantes, lo que es una virtud de su ensayo, pues nos hemos acostumbrado a pensar parcialidades, fragmentos y, por tanto, a celebrar tal o cual representación de lo mapuche en alguna serie de TV o en una película en particular. Pero siempre, tratando de observar si esa representación alabada o denostada se ajusta o no a una “correcta” representación.

Por lo mismo, La imagen borrada se distancia, aunque no los niega, de los trabajos que desde la psicología social colocan el foco en la producción y despliegue de estereotipos en las construcciones mediáticas audiovisuales. Al respecto, dice el autor:

Esto nos abre un marco de problemas que se distancia de los estudios de la estereotipización, que advierten y denuncian una y otra vez que la representación de lo mapuche en las ficciones audiovisuales chilenas es una pléyade de estereotipos heredados del concepto araucano colonial o un cúmulo de simplificaciones culturales movilizadas por las necesidades político-ideológicas en diferentes períodos de la historia de Chile para anular cualquier dimensión de presente de la cosmogonía mapuche”.

El problema sobre los estudios de la estereotipación, y en acuerdo con el autor, es que establecen un análisis vertical, con lo que se reproduce el modelo dominante, o sea la matriz colonial. Y, por cierto, no se intenta entender cuál “es la función discursiva y social del estereotipo”. Por dicha razón, estudios contemporáneos sobre estereotipos y prejuicios prefieren comprenderlos en su sentido social, lo que implica que conforman un proceso. Esto, obviamente, reenvía a su historicidad, a sus funciones sociales e individuales, pero, sobre todo, a comprenderlos como marcos interpretativos en una línea de larga duración.

La imagen borrada propone una clave de lectura que despliegue una “reflexión de lo geoestético”, lo que quiere decir que se trata de estudiar la “forma de organización y construcción de lo sensible para la significación de una experiencia, discursividad o saber”. Ese acercamiento, desde mi perspectiva, se convierte en el método con el cual observará la heteroglosia de materiales que componen el volumen que cuenta con siete capítulos. En cada uno de ellos, los análisis ensayados estarán confeccionados con películas de ficción, series televisivas, estudios sobre fotografía, novelas, textos históricos, periódicos, videos de propaganda, etcétera. La construcción mediática de las ausencias de lo mapuche en un marco vasto y configurador.

¿Por qué trabaja con esa heterogeneidad de materiales? Porque, como dice el autor al respecto, entiende que:

“(…) entre lo documental y la ficción no existen mayores diferencias a la hora de construir los discursos y narraciones audiovisuales, como tampoco con el video experimental o lo televisual periodístico, ya que trabajan con la misma materialidad sensible”.

Como se trata de una aproximación estética, lo que interesa al autor es la promesa estética, la forma sensible y la experiencia de significación de las obras estudiadas. Y si bien, como se lee en el texto, se ha proclamado “en todas direcciones la borradura posmoderna de las fronteras de formatos, géneros y estilos”, existen las diferencias.

A esas distinciones que Santa Cruz Grau reconoce en el audiovisual, las hemos llamado  –en un libro que estamos próximos a presentar– pactos interpretativos. Y un pacto de interpretación es una de las modalidades del llamado efecto de realidad, que dice relación con las maneras diferentes en las que la forma sensible del pasado, presentada por un enunciador real –por ejemplo, en el documental- interpela los imaginarios sociales de los espectadores y su sentido de la historia.

Lo que ensaya La imagen borrada es establecer el cómo se articulan esas imágenes ausentes de lo mapuche en la configuración de lo chileno, entendida esa ausencia como una totalidad. Dice:

Lo no visible conforma esa totalidad de lo visible: ¿Lo no visible puede transformarse en un problema para los estudios de la visualidad? ¿Lo que no está, no se muestra, no se dice ni escribe puede devenir en una cuestión por reflexionar para una totalidad saturada de lo que sí está, se ve, escucha y lee? ¿Cómo y con qué herramientas problematizar aquello que en su ausencia se vuelve una problemática estética?”.

Lo que acá he intentado hacer no es contar el libro, ni menos hacer spoilers. Mi preocupación ha estado en proponer un tipo de lectura, una vía de lectura. Aquella que, confrontada con el mismo libro, busca observar cómo se articulan las ausencias de las imágenes de lo mapuche con su devenir en sus presencias en las imágenes. Desde ahí, como dice el autor “se visitarán algunas producciones audiovisuales que directa o indirectamente problematizan la emergencia del conflicto mapuche actual, tomándose el centro narrativo o discursivo de estas”.

En consecuencia, el mejor nombre que encontré, para esta presentación, y que sintetiza lo que observé en el libro fue la constitución y lectura desde el presente de una serie de tejidos, tramas y entrelazamientos. Unos modos sugerentes para comprender el desarrollo de lo chileno en las ausencias de las imágenes audiovisuales de lo mapuche.

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