Marjane Satrapi (1969-2026), periodista, escritora y diseñadora gráfica, franco-iraní, ha fallecido de pura tristeza, dice la prensa.
Es posible atribuir tal sentimiento a la nostalgia por la patria perdida, la guerra cruel y las dignidades femeninas pisoteadas por el oscurantismo reinante. Pero no, no ha sido por ninguna de esas masivamente, sociológicamente, políticamente correctas y muy comprensibles razones. Comprensibles por Occidente, claro. Ha sido por amor. Su marido había fallecido el año pasado y ella simplemente no pudo resistir su ausencia.

La tristeza infinita de morir por falta de la otra mitad del ser, recuerda a ese relato famoso y originalísimo de Italo Calvino (1923-1985) El vizconde demediado. Pero la ciencia médica avala el fenómeno, del que la literatura romántica ha hecho un tópico, ligeramente cercano a lo inverosímil para estos tiempos de internet, globalización y clones de mascotas domésticas.
Cuando Satrapi nació, en Teherán reinaba, con los modos drásticos comunes al Medio Oriente petrolero, el Sha Mohammed Reza II Pahlavi, el último en ostentar un título que, con las consabidas modificaciones, se mantuvo vigente por 25 siglos. Hasta que el mismo Sha, en un arrebato narcisista, lo agotó con una celebración legendaria en las ruinas de la antigua capital persa, aquella que conservaba el nombre con el que Alejandro Magno intentó helenizar el ya antiguo y casi mítico imperio: la tierra de Perseo, legendario vencedor de Medusa, la de mirada petrificante y asesina.
Esa es la civilización que ahora intenta apagar con todas sus ínfulas un sucedáneo contemporáneo, narcisista, como todos los que ignoran voluntariamente el conocimiento de los mitos para entregarse a los apetitos propios. ¿Se verá algún día a sí mismo reflejado en el brillante escudo de su enemigo?
Marjane Satrapi (Rasht, Irán, 1969, Premio Princesa de Asturias en Humanidades 2024) se hizo famosa en su exilio en Francia con la publicación de su ficcionada biografía en formato de comic.
Una generación completa se pudo ver reflejada en las vicisitudes de una joven vital y traviesa, que desea con todas sus energías ser parte integral del mundo, de los cambios, de la música, de la rebeldía juvenil y del amor que siente cada nuevo individuo que desea vivir con intensidad en medio a sus semejantes. Pero la sociedad en la que comenzó a crecer tenía sus reglas.
Y más allá de ella, el mundo no era muy prometedor. El país era diferenciado en castas y géneros que debían cumplir funciones específicas. Y como todo sistema tiende a perpetuarse, las observaciones de la traviesa Marjane empiezan a ser una amenaza para la seguridad de su núcleo familiar. La caída del Sha (1978-79) y la llegada del régimen teocrático fueron traumáticas y de alto costo en vidas y dolores. Como tantas otras veces quienes se llevaron la peor parte fueron las mujeres.
Muchas de ellas habían vivido los relámpagos de un cambio modernizador y de una dignificación simbólica en la figura de Shabanou, Farah Diba, hoy viuda del Sha, con estudios universitarios y opiniones propias, las que a menudo había que recortar para hacerlas públicas, pero de todos modos la primera mujer coronada en la larga historia del país. Sin ser necesariamente un modelo político, algo de libertad moderna representó en su momento y los clérigos decidieron responder a esta afrenta femenina con los rigurosos velos oscuros para las cabezas que no debían más que cumplir ciertas funciones que las voces masculinas debían acallar.
CONFIRMACIÓN DE SUS VALORES Y ÉXITO GLOBAL
Hoy existe una generación de cineastas y de mártires desafiantes al fanatismo oscuro del gobierno actual de Irán, que hace del blanco y negro de las historietas de Satrapi una imagen de las que es difícil olvidarse. El extraordinario éxito de sus cuatro volúmenes en Occidente estaba significando algo. Su adaptación cinematográfica fue la confirmación de sus valores y del éxito global de su denuncia, entre jóvenes y adultos, tan deseosos de vivir, cuestionar y amar con la misma intensidad.
Realizada en conjunto con un realizador francés, Vincent Paronnaud, Persépolis (2007) fue estrenada en el Festival de Cannes y obtuvo el Premio Especial del Jurado. Estuvo entre las candidatas al Oscar al mejor largometraje animado y el segmento de público que no la había leído terminó por consagrar a la autora, descubrir la historia que hay detrás y a las mujeres que el gobierno de Irán intenta cubrir… y amordazar.

No poco del éxito se debe al refinado diseño gráfico, intencionadamente bidimensional, de extraordinaria eficacia sintética y de un blanco y negro que no se abandona más que en los momentos justos y precisos, como la secuencia inicial en el aeropuerto de Orly, portal de entrada al período más dichoso de la vida de Marjane y también el lugar en que abandonará su vida alegre para volver a su patria oscurecida y reprimida, pero de una humanidad resistente al dictamen de las reglas de sometimiento y penitencia que parece un regreso a la caverna inconciente de una masa sin voluntad propia. A ratos algunas secuencias han cobrado desafortunada vigencia (los bombardeos nocturnos, los fusilamientos, la sospecha colectiva, la obsesión por cubrir las cabezas femeninas).
Cinematográficamente sobria, pero de máxima eficacia en sus transiciones temporales y en sus movimientos orquestados de maravilla, con personajes que, aun en los mayores villanos, se dejan intuir seres humanos con afectos, miedos y aspiraciones. La abuela que le enseña a colocarse jazmines en el sostén, la madre que disimula su propio dolor ante las separaciones, los amigos punks, las monjas, los parisinos, el padre y las amigas, forman una galería de tipologías contemporáneas.
Una mirada de amplitud y belleza naïf, coherente con las de su tradición persa y en perfecta sintonía con el alto humanismo del cine iraní, que por más que se reprima florece bajo las más insospechadas formas, en las que nunca se confunden metáforas con hipérboles. Así el problema de los derechos humanos en Irán ha generado dos premios Nobel de la Paz, en 2003 Shirin Ebadi y en 2023 Narges Mohammadi… ambas mujeres.
En el nombre de Mahsa Amini, asesinada hace tres años por no usar correctamente el velo, se han hecho manifestaciones en todos los continentes, incluso en países islámicos shiítas. La imagen de la protagonista de Persépolis había abonado el terreno.
La versión original en francés tuvo un trío de voces notables: Chiara Mastroianni como Marjane, Catherine Deneuve (madre de Chiara en la realidad) es Tadji, la madre y la abuela fue interpretada por la nonagenaria Danielle Darrieux, frecuente madre cinematográfica de Deneuve. PP
Persépolis. Guion y dirección: Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud. Música: Oliver Bernet. Voces de en versión francesa: Chiara Mastroianni, Catherine Deneuve, Danielle Darrieux. Casa productora: 2.4.7. Films. Animación para adultos. Drama. Duración: 95 min. Coproducción Francia-Estados Unidos, 2007.
