Escena uno: dos personas a punto de ser fusiladas por agentes de la dictadura de Pinochet en la baranda de un puente. Escena dos: abajo un río que servirá de escape cuando uno de los personajes salta al vacío. Escena tres: los dos personajes siendo arrastrados por la torrentosa corriente de agua. Escena cuatro: los mismos dos personajes siendo rescatados por los integrantes de un pequeño circo. Escena cinco: los protagonistas iniciales se integran al espectáculo como payasos interviniendo en el número de los cuchillos.
Todo lo anterior es el marco que gatilla las acciones de la película Cirqo (2015), dirigida por Orlando Lubbert (Santiago de Chile, 1945), el mismo cineasta que, 15 años antes, obtuvo la Concha de Oro del prestigioso Festival de San Sebastián por la película Taxi para tres. Esta última, sin duda, una cinta muy adherida a los imaginarios sociales de Chile, por sus múltiples exhibiciones en distintos espacios: desde la Cineteca Nacional hasta la televisión abierta. Y, también, por haber instalado una sentencia muy popular: “volante o maleta”, frase que se ha extendido en el sentido común, toda vez que un ladrón asalta a un taxista.
Si intentáramos emparentar esta película con producciones anteriores de Lubbert, podríamos hacerlo con una muy anterior, El paso, de 1978. Ahí, tres personajes se encuentran en una huida de las fuerzas policiales de la dictadura militar por la Cordillera de los Andes. Dos dimensiones del guion y la historia sellan los aires de familia de El paso: el escape de funcionarios de la represión dictatorial, y las relaciones afectivas que se producen entre los personajes. Hasta ahí las semejanzas más evidentes.

Cirqo procesa la evidente tragedia de manera diferente. El contraste visual entre el espacio de la dictadura y el circo es determinante: el circo es luminoso en relaciones de afectos, confianza y colores mientras que la dictadura, encarnada en Martínez, el jefe de los persecutores-agentes, interpretado por el fallecido actor Pablo Krogh, es, ciertamente, monocromo y lineal. En el circo hay relaciones sociales tejidas en la hermandad de un oficio que promueve la alegría; en el grupo represivo los lazos son circunstanciales y banales, y que atienen a la jerarquía y al miedo. En el circo hay música alegre y festiva, incluso cuando muere el señor Corales, don Tirso (encarnado por Alejandro Trejo) o el payaso recién llegado, Jaime, quien es uno de los prisioneros fugados (interpretado por el actor Iván Álvarez de Araya, el mismo de la serie televisiva El reemplazante); en la dictadura, no hay música, porque si la hubiera, sería más cercana a un cruel funeral o a una sentencia de muerte.
En el circo de don Tirso hay genuina fraternidad. No solo porque salvan a Jaime y a Mario (personaje protagónico interpretado por Roberto Farías) del fusilamiento, sino, sobre todo, porque constituyen, a su manera, una familia. Tal afirmación se evidencia cuando uno de los personajes señala: “Nada es como en el circo” o “nadie nos va a quitar la risa”. Ni la dictadura, podemos colegir.
Familia afectiva y fraternal. Pero también alberga la venganza. Otra emoción que mueve la historia y que da cuenta de que el guion posee giros que la dinamizan. Martínez, el jefe de los agentes represivos del Estado, no solo buscó fusilar a Jaime y a Mario. También, en un claro quiebre melodramático, se quedó con la esposa de este último (la actriz Blanca Lewin), escondiendo su trabajo real. Tal hecho, más el asesinato de su compañero político, Jaime, desencadenó que todo se invirtiera: el torturador-asesino sería ahora el perseguido por el otrora fugado. Además, ya ningún secuaz le prestaría ayuda, toda vez que sus vínculos o eran instrumentales y confeccionados por el miedo.

Lübbert entiende muy bien que lo político de las imágenes cinematográficas no reposa en una construcción estereotípica de ese espacio: por ejemplo, las voces de la Junta Militar, cuando aparecen (la del Almirante Merino se escucha en una transmisión radial) solo son el telón de fondo que sirve a la contextualización del filme. Lo político en Lübbert ocurre en el espacio interior del circo, en las relaciones que se producen, y cuando estas se confrontan –con ingenio- con el escuadrón de Martínez. Lo político de las imágenes de Lübbert se produce, finalmente, en las relaciones socio-afectivas que se entablan y que constituyen, con nitidez, una comunidad virtuosa.
Tal vez, y pensando en los tiempos que corren, esa comunidad de afectos, ese tejido social robusto y con ética sea hoy uno de los remedios para rememorar y conjurar los sentidos de la dictadura. Pero no solo a ella, sino que un antídoto de más amplio espectro: el miedo al otro. PP
Cirqo: Dirección y guion: Orlando Lübbert. Reparto: Roberto Farías, Iván Álvarez de Araya, Alejando Trejo, Pablo Krogh, Daniel Antivilo, Blanca Lewin, Luna Martínez, Silvia Novak. Casas productoras: Astronauta Films, El Asombro. Drama. Duración: 100 min. Chile, 2013. Disponible en OndaMedia.cl
