“Empezaría por describir la situación, sin ninguna intención, y después de ver la acción no efectuada, la palabra no dicha, aparece una presencia ausente. Ahí estaría la fuerza, la fuerza de lo incumplido”. Parlamento de la asistente de dirección en el filme El Santo Oficio.
¿A qué se refiere Sánchez con el título de El Santo Oficio? ¿Al cine, a la Santa Inquisición, a la vida misma? Cada quien podrá interpretar a su modo este filme lleno de personajes que entran y salen de escena, tal como entran y salen las personas en la existencia de los demás: algunos se quedan más y son fieles; otros traicionan o abandonan; hay quienes se aparecen desde las páginas de los libros, como amigos personales con quienes tenemos tanto en común. Otros no nos entienden. O son como chispazos de magia o del averno. Otros nos siguen sin que sepamos por qué o solo para pedirnos lo que no hemos terminado. Y otros nos encandilan sin vuelta.
Quizá algunos crean que se trata de cine para cinéfilos, o para amantes de la filosofía (valga la redundancia), por la cantidad de citas (quizá demasiadas) en conversaciones aparentemente cotidianas, pero a la película número 17 de Cristián Sánchez (Santiago, Chile, 1951) hay que leerla más allá de la apariencia. Buscar contenidos por debajo de las frases dichas o de las imágenes que parecieran no llevar a nada. Segundas, e incluso terceras, posibilidades de comprensión que aparecen al rasgar lo evidente.
Porque en el cine de Sánchez nada es lo que aparenta, sino lo que quiere decir. Y esa búsqueda y encuentro queda abierta al/la espectador/a inquieto, que indaga en los vericuetos de la trama, en el absurdo de los chispazos de humor que jalonan el filme. Ese humor que el cineasta maneja tan bien y que, en el minuto menos pensado se despliega y hace pensar en los modos de ser nacionales. Escenas aparentemente inconexas que forman el puzzle sin concluir del filme en que está empeñado un cineasta (el protagonista) que parece empujado por el viento de los acontecimientos. Su único norte es esa película, más poética que narrativa, como la describe otro de los protagonistas.
Hay quien podría pensar que dicho protagonista es el alter ego del realizador, pero eso sería mezquino. Le restaría mérito a esta alegoría. Y mérito al realizador. Cine dentro del cine, este ensayo sobre la voluntad y los afectos va mucho más allá de la anécdota y se instala como una representación del mundo y las vidas.
Un ejemplo de esto: aunque hay espacios que se distinguen unos de otros, se podría decir que algunas de las locaciones quedan en la retina como si fueran una sola, con escaleras que conectan pasado y presente, sombras y fantasmas, sótanos y terracitas formando un mundo cuyo dueño se desconoce y que es habitado, como “en préstamo”, por el equipo de filmación. Incluso la casa donde él vive al comienzo con su pareja también es arrendada. Otro préstamo que tiene que dejar. ¿No es así que vivimos? ¿En un planeta prestado, con un cuerpo que es un traje? ¿En medio el despojo o del abandono voluntario de lugares, amores y deseos?
Como en la carta de Los enamorados del Tarot, el protagonista oscila entre dos amores. Dos maneras de encarar la vida, contrapuestas y alternativas, que en el filme no constituyen el centro de la historia pero que son parte de las pulsiones que, muy internamente, mueven a este escritor que ansía terminar su filme, contra viento y marea, apoyado por sus alumnos que harían cualquier cosa por él y sustentado por las enseñanzas que ha recogido en sus visitas a filósofos y grandes cineastas.

El santo oficio es sobre la sorpresa de la existencia. Y sobre lo inacabado, lo inconcluso. Nada cierra. Y no es un error del guion de Sánchez. Ni tampoco es resultado de lo indefinido del guion del protagonista, que ha rechazado uno completo, redondo, porque no lo interpreta. Es una decisión de búsqueda. En el cine de Sánchez siempre hay una búsqueda, a veces clara, otras más escondida. A veces ¿siempre? es la persecución de un deseo. La interrogante se mantiene, el movimiento es eterno.
Y, en medio de la debacle (pandemia, falta de financiamiento, amores imposibles) hay una actitud final que modifica todo. Una corrección del actuar que responde a una esencia recta que salva. Una pérdida para encontrarse. Un abandono de lo perseguido que pone al protagonista de nuevo en el camino, en la incansable y eterna búsqueda de qué somos, qué queremos y para qué. PP
El santo oficio. Dirección, guion: Cristián Sánchez Garfias. Elenco: Benjamín Gallo, Valentina Rubilar, Luciana Echeverría, Nicole Mardones, Juan Cruz Palacios Felipe Corrales, Cristóbal Bascuñán y Daniel Pérez, entre otros. Apariciones de Luis Dubó, Erto Pantoja, Ariel Mateluna y Marcelo Vega. Dirección de fotografía: Manuel Vlastelica. Montaje: Diego Soto. Dirección de arte: Víctor Muñoz, Sonido: Carlos Pérez Muñoz. Música: Sebastián Cifuentes. Casa productora: Santiago Independiente. Duración: 90 min. Chile, 2024.
