UN MANIFIESTO POLITICO DE LAS IMÁGENES

El imaginario cultural de Chile no es ajeno a la cárcel. Los medios representan este espacio como una zona abyecta, y junto a esto, las políticas internas (y ahora, nacionales) despojan paulatinamente de autorrepresentación a las personas ahí recluidas. Una incógnita que durante el siglo pasado cautivó al cineasta Harum Farocki (1944-2014) para quien la cárcel era un espacio cuyas imágenes estaban poco teorizadas.

El poder se ha enfocado en constreñir estos modos de vida, no solo normando los cuerpos, sino que asignando a este espacio el lugar de la otredad social; aquí reside lo indeseable y aquello que funda la contraparte de los imperativos morales. Pero el poder no opera sin agentes y aquí los medios de comunicación se instrumentalizan, jugando un rol fundamental a la hora de propagar la agenda mediática, portando las imágenes como dispositivo técnico, desafectado y radicalmente objetivo (enfatizo la ironía).

Hay un antecedente contemporáneo que me gustaría rescatar: el incendio en la cárcel de San Miguel, donde fallecieron 81 personas. Este caso ocupó los noticiarios durante mucho tiempo. El juicio, la búsqueda de culpables, las reconstrucciones en entornos virtuales, las imágenes registradas desde celulares y cámaras de seguridad (propias de la prisión), así como la opinión social, estuvieron en palestra mucho tiempo. Este contexto -plagado de imágenes choqueantes, sumado a la experiencia de vida que mostraba cada una- cautivó las miradas y movilizó los anhelos de jóvenes cineastas. Así, surgió un movimiento fílmico encabezado por Catalina Alarcón (Volver a casa madre, VR), Francina Carbonell (El cielo está rojo, 2020) y Tana Gilbert (Malqueridas, 2023), quienes se han volcado a comprender los fenómenos y afectos carcelarios, dotando de nueva vida a las imágenes provenientes de estos espacios.  Las obras de este grupo de mujeres han entrado exitosamente en festivales y a la industria y han sido bien recibidas por la crítica.

El valor de Malqueridas

En el filme de Tana Gilbert las imágenes cobran relevancia conceptual, no solo por lo que se ve. Tampoco se trata exclusivamente de la impresión de cada fotograma de la película hacia soportes análogos y su posterior intervención como parte del tratamiento visual, sino a los dispositivos técnicos que facultaron la realización del filme. Ya sea por razones presupuestarias,  debido al requisamiento de dispositivos o por búsquedas estéticas, lo cierto es que la resolución de gran parte de las imágenes entra en la categoría de lo poco agradable a la vista (sobre todo para quienes dicen estar entrenados en el arte de ver en la mejor definición posible). Si se logra trascender aquella barrera inicial, surge una película cautivadora, desafiante, noble y con alta complejidad emocional.

La narrativa tiene como eje central la vida de madres privadas de libertad en un recinto penitenciario de mujeres y su concepción sobre esta realidad. Como bien señala el filme, 92% de las mujeres privadas de libertad son madres. Más allá de lo estadístico y denunciativo,  la realizadora se apropia del concepto, para interrogar las dinámicas sociales, y la relación interior/exterior. Así, el documental otorga a las mujeres que lo protagonizan la capacidad de autodeterminar el rumbo de captura de sus imágenes e intereses, legando a la directora la función de recopilar y articular las mismas mediante unidades narrativas; investigando y dialogando a lo largo del tiempo, con tal de dar sentido al discurso. Constituyendo, no solo una película que versa sobre política, sino una obra cuya realización es política (antigua conversación que el cine chileno parece haber olvidado).

Los teléfonos celulares operan con distintos propósitos, como portal comunicacional entre espacios/personas y como dispositivo de registro del cotidiano. Las imágenes muestran desde las celdas -lugares de hacinamiento, con sus paredes gastadas-, hasta desfiles de moda improvisados, videollamadas, fiestas, los barrotes en la ventana, las salas de parto.

Progresivamente, el filme deviene en la búsqueda por la libertad y la emancipación de las miradas, con tomas como las de un perro en medio de la calle durante la noche, las luminarias de la ciudad y la lluvia. Esta libertad se articula orgánicamente, así como los cuestionamientos por la reinserción social, la ambigüedad temporal a la que están sometidas (al ver a sus hijas/os/es crecer fuera de su alcance). Quien ve el documental es partícipe de aquella fragmentación que escapa de lógicas meramente ilustrativas.

La realizadora de este documental, Tania Gilbert, que Miradoc distribuye en todo Chile

Malqueridas se apropia de sus conceptos y los transforma, esto se ve en gran medida a través de la adopción entre las privadas de libertad, quienes ante las carencias que el exterior les dio, se repliegan hacia otras formas de comprender el amor, despojando, en la medida de lo posible, a este sentimiento de violencia. Malqueridas deja al descubierto no solo las paupérrimas condiciones a las que son sometidas estas personas, sino a una inmensa amalgama de expresiones, puntos de vista y formas de vida que robustecen el imaginario, apartando el prejuicio.

Aunque la película procura funcionar como un bloque, existen fugas atractivas donde reluce la singularidad de cada experiencia materno-carcelaria; mérito de la película es no quedarse en la conmiseración, en mera exposición/mercantilización, y a partir de esta crueldad comenzar a preguntarse por nuevas posibilidades, abriendo camino a la discusión. Estas imágenes, destinadas a la desaparición y a la clandestinidad, encausan sus afectos hacia la imaginación de otro mundo posible.

Así, Malqueridas se esgrime como un manifiesto político de las imágenes y, a la vez, como una respuesta contundente a las esferas del poder, dotando a cada participante de la posibilidad de ejercer autoconciencia y, con ello, de interpelar a los grandes relatos. Disruptiva, dolorosa, consecuente, contradictoria y, sobre todo, esperanzadora, esta película se dispone a pensar uno de los grandes problemas del mundo sin, por ello, despojarse de su capacidad de empatía. Porque, mientras se discuten las mega cárceles con aportaciones de privados, interpela directamente a las políticas públicas que buscan aplacar incesantemente a las personas marginadas de esta sociedad. La opera prima de Tana Gilbert busca trascender de su soporte fílmico mediante una campaña de impacto dirigida en conjunto a distintas organizaciones sociales. Quizás estamos ad portas de ver cómo el cine, una vez más, es capaz de generar impacto en lo social. El tiempo lo dirá. PP.

Malqueridas. Dirección: Tana Gilbert.  Guion: Javiera Velozo, Karina Sanchez, Tana Gilbert, Paola Castillo. Montaje: Javiera Velozo, Tana Gilbert. Animación: Fanny Leiva Torres. Producción: Paola Castillo. Casa productora: Errante (Chile), Dirk Manthey Film (Alemania). Documental. Duración: 74 min. Chile/Alemania, 2023.

Premios: Gran premio; Mejor contribución técnica, Settimana Internazionale della Critica, Mostra Internazionale d’Arte Cinematografica di Venezia, Italia, 2023./ Authors under 40 Award, Mención especial por edición, Mostra Internazionale d’Arte Cinematografica di Venezia, Italia, 2023 / Premio del Público, Selección Oficial Largometraje, Festival Internacional de Cine de Valdivia, Chile, 2023 / Mención Especial del Jurado, Selección Oficial Largometraje, Festival Internacional de Cine de Valdivia, Chile, 2023.

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