Una casa que parece ser un pequeño balneario, administrado por una mujer viuda de mediana edad y por su joven hijo. No tienen empleados ni empleadas. Todo lo hacen ellos. Están solos. Y llega un grupo de motoqueros quienes, en promedio, deben tener más de 50 años.
Podría ser el inicio de un thriller, de un filme de terror. Podría ser el inicio de un desastre.
Estrenado en Valdivia, y con pasadas por los festivales de La Serena, Viña del Mar y Ñuble, este es el tercer largometraje de ficción de Diego Soto (Rancagua, Chile, 1993) y sus primeras exhibiciones le auguran un éxito similar al que obtuvo con Muerte y maravillas, su segundo filme. De Valdivia se fue con el premio del público, por ejemplo.
Colaborador asiduo del realizador Cristián Sánchez se podría decir que, en esencia, es su discípulo. Mismo amor por lo cercano, por un cine ascético y frugal, por historias que parecen ser nada y que son mucho.
En La corazonada, se mueven los sauces de Doñigüe, en la misma región de la cual es oriundo Soto. Se mueven lentamente, como al ritmo de todo el largometraje. Un verano suave, con tareas que cumplir, conversaciones leves pero decidoras, pan con palta y tecito. Buenas personas todas las que se encuentran: la madre y el hijo, los motoqueros, el equipo que filma un tráiler antes de hacer el filme. Soto no escogió el drama y la tensión para esos encuentros, sino la calma de las relaciones en confianza. En la confianza interior de que las personas son buenas.

Pese a que no hay una intensión estetizante, la cámara se mueve con soltura siguiendo a los personajes, actuados por personas que no son actores ni actrices profesionales, una de las características del cine de Soto. El trío central está interpretado por familiares, los que no es primera vez que están ante las cámaras de su pariente. El motoquero Enrique (Germán Insunza) es su tío. La administradora del lugar, Nieves (Natacha García) es su tía. Ella aporta una trasparencia casi insólita a su rol. Es de una tremenda naturalidad que la cámara puede captar muy bien. Más allá de su fotogenia, hay algo en su calma y en su mirada que traspasa el lente y llega al espectador.
Los roles masculinos quizá no tengan la misma luz que irradia García, pero aportan verdad a sus caracteres, incluso mostrando sus egos sin tapujos (como cuando el hijo le pide a la cineasta tener más presencia en el filme que rodará basada en La tempestad de Shakespeare). Sin embargo, esa verdad se asoma hasta en los roles secundarios más pequeños, como los motoqueros que se sinceran esperando pasar el calor, o el pequeño que a la orilla de la piscina conversa con Nieves. Para qué hablar de la bella gata negra que pasea sus ojos verdes por gran parte de la acción.
RELACIONES COMPROMETIDAS
No diremos acá cuál es el argumento. Pero sí es posible hablar de los temas que surgen a propósito de él. Primero que nada, las relaciones humanas. Acá, casi nada se sabe de los personajes, menos aún de su pasado. El relato es un corte en el tiempo que los ha puesto en cercanía. Son, por así decirlo, tres formas de relación que se ponen en contacto: una madre con un hijo; un grupo de amigos; un equipo de filmación que incluye una pareja de pololos. Un hombre y una mujer. Relaciones filiales, de amistad, de trabajo colaborativo y de amor. Son relaciones corrientes, ninguna se siente tóxica. Son personas que se apoyan y que dan lo que tienen. Que se comprometen con lo que hacen. Es decir, son el tipo de personas con las que a uno le gustaría encontrarse.

Por todo lo anterior, y por lo que no quiero decir aunque podría ya saberse, es que la película parece ingenua, inocente. Y, en cierto sentido lo es. Su argumento y puesta en escena son simples; sus locaciones son corrientes; su puesta en cámara y montaje, correctos. Nada del otro mundo. Pero sobre todo lo es porque apuesta a que las personas merecen tener vínculos sanos. A que las sorpresas pueden ser agradables y dulces. Es una apuesta arriesgada en un mundo que parece haber dejado en el pasado esas características. (La gente de mi edad siempre está añorando los años 60, cuando las cosas eran distintas. No sin razón, ya que habitamos un siglo donde impera el individualismo, la sospecha y la desconfianza) Shakespeare de por medio, la emoción de las mariposas en el estómago se deja también sentir.
La corazonada no es una película para todo público. Requiere tener ganas de ver la vida pasar. De no encontrarse con grandes escenarios ni diálogos para el mármol. Requiere saber tomarle el pulso a la provincia. A esa donde puede haber malas personas. Pero en la que ganan las decentes. PP
La corazonada. Dirección y guion: Diego Soto. Elenco: Natacha García, Germán Insunza, Martín Insunza, Isidora Gálvez, Felipe Gonzalez, Alexis Donoso, Ana Valenzuela. Dirección de fotografía: Manuel Vlastelica. Montaje: Diego Soto, Manuela Thayer. Casa productora: Las Noches Cine. Romance. Duración: 78 min. Chile, 2025.
