Tras su triunfo en los festivales de cine de Cannes y San Sebastián, La misteriosa mirada del flamenco (2025) llega a los cines chilenos con una propuesta que ha cautivado a la crítica internacional, que la ha considerado como una de las mejores películas en castellano del año 2025. Esto consolida el ascenso del director y guionista Diego Céspedes (Santiago, 1995), quien ya se había presentado en Cannes con sus cortometrajes El verano del león eléctrico (2018) y Las criaturas que se derriten bajo el sol (2022).
En una especie de western queer que en ocasiones transita por el realismo mágico, el filme se ambienta en un pueblo minero del norte de Chile a principios de los años ochenta, en el que se corre el rumor de la propagación de una desconocida enfermedad, la cual se transmite a través de la mirada entre dos hombres. La llamada peste, que no tiene cura, desencadena el miedo colectivo, el odio y la exclusión de una comunidad disidente que habita en el lugar, a quienes acusan del contagio.
La historia se desarrolla desde el punto de vista de Lidia (Tamara Cortés), una niña de once años acogida por una familia de travestis y trans muy unida entre sí. Una de sus integrantes es Flamenco (Matías Catalán), una mujer trans que crió a Lidia como una hija y representa una maternidad queer que rompe los esquemas binarios, donde el amor las une más allá de la sangre.

En Flamenco hay tanta dureza como fragilidad, ya que su personaje está envuelto en la contradicción de ser deseada y a la vez rechazada por el estigma social que existe hacia los cuerpos trans. Su amor por Yovani (Pedro Muñoz), un minero con el que tiene una relación en secreto, se transforma en la amenaza que alimenta el conflicto de la película: el deseo, cuando se reprime, también puede llevar a la violencia.
La interpretación de Catalán podría considerarse la revelación del cine local por su entrega y habilidad para encarnar un papel tan desafiante como el de Flamenco. El actor, quien participó en producciones como La cacería: en el fin del mundo (2024) y Oro amargo (2025), domina cada plano en el que aparece y logra transmitir el dolor y la vulnerabilidad de un personaje que no quiere dejar este mundo siendo un misterio, alguien a quien esconden de los demás.
ENTRE LA INMENSIDAD Y LO MINÚSCULO
La obra de Céspedes tiene una carga emocional profunda que nace de lo más íntimo. Lo que la hace auténtica es que no pretende ser una lección de moral, sino que ahonda en la capacidad humana de mirar al otro, de entenderlo y entablar relaciones dejando de lado los prejuicios que impone la sociedad. La elección del lugar en el que se desarrolla la historia, el árido desierto de Atacama, es un verdadero acierto porque refuerza este argumento y carga de simbolismo al relato, ya que sus habitantes se ven obligados a convivir, a mirarse y conocerse.
A nivel visual, la cámara de Ángelo Faccini aprovecha las posibilidades que le otorga el plano abierto para contrastar la inmensidad del desierto con el minúsculo pueblo que habitan sus personajes, además de resaltar más aún sus diferencias. La música también juega un rol importante con melodías de desamor como Ese hombre de Rocío Jurado, o el clásico bolero Aquellos ojos verdes (en la voz del cubano Ibrahim Ferrer) que envuelven al filme en una atmósfera dramática y melancólica.
La misteriosa mirada del flamenco es una obra de resistencia que se construye mediante un discurso colectivo, en la las dinámicas de una comunidad que encuentra en el amor su refugio y sentido de vida son narradas con ternura y locura. Es esa hermandad la gran fortaleza del filme. Cada personaje aporta con su esencia y es retratado con una sensibilidad y un realismo muy auténticos, alejándose de cualquier estereotipo.

Son seres cómicos, vulnerables, y a veces contradictorios, lo cual los hace genuinos y entrañables. Se destaca, por cierto, el hecho de que gran parte del elenco está compuesto por personas que realmente viven la disidencia y no por un grupo de actores y actrices que los interpretan con cierta distancia. Dicha decisión responde a la necesidad de que la propia comunidad disidente también ocupe un lugar en la escena cinematográfica.
La cinta chilena es muchas cosas a la vez: es divertida, triste, oscura, poética y muy emotiva. Es una pieza atemporal de gran valor y belleza que desafía las normas, derriba los estigmas y reivindica el acto de mirar sin miedo, ya que, en el imaginario de la película, donde ese miedo suele llevar al odio, Céspedes apuesta por otra posibilidad: que ese encuentro de miradas también dé paso a lo inesperado PP.
La misteriosa mirada del flamenco. Dirección y guion: Diego Céspedes. Reparto: Tamara Cortés, Matías Catalán, Paula Dinamarca, Luis Dubó. Dirección de fotografía: Angelo Faccini. Música: Florencia Di Concilio. Dirección de actores: Claudia Cabezas. Casas productoras: Quijote Films, Les Valseurs, Weydemann Bros, Irusoin. Drama. Duración: 110 min. Chile, 2025.
