MIRADAS HACIA OTROS CHILE

Una realizadora que mezcla imágenes de archivo con animación en stop motion para narrar un hecho histórico escasamente conocido; un cineasta que recrea situaciones con actores, porque no tiene imágenes de época a las que recurrir, y  un documentalista que miró la realidad de sus jóvenes contemporáneos, incluyéndolos a todos, sin juzgar y hasta con humor. De eso se trata este ciclo.

A METROS DEL ATAQUE A PEARL HARBOUR

Atrapados en Japón de Vivianne Barry (Santiago de Chile, 1952), primer largometraje de la creadora,  narra un episodio de la historia del periodismo nacional del que poco (o nada) se conocía antes de que el filme fuera estrenado en el 22 Festival de Cine de Valdivia en 2015, donde obtuvo el Pudú, principal galardón del certamen.

Mezclando filmaciones y fotos de época con stop motion (técnica en la que ha destacado la talentosa realizadora), Barry va contando las vivencias de seis periodistas chilenos, redactores de los principales diarios nacionales, que fueron invitados por el gobierno nipón a recorrer Japón y Manchuria en 1941, en plena Segunda Guerra Mundial, como una forma de mejorar su imagen.

Entre los invitados figuraba Carlos Barry, padre de la realizadora, que trabajaba en el diario El Chileno, junto a Mario Planet (fundador, años después, de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile y por entonces reportero de La Hora),  Rodrigo Aburto (subdirector de El Diario Ilustrado), Jorge Vial Jones (de La Nación), Augusto Iglesias (de La Opinión) y Gustavo Labarca (de El Imparcial)*.

El relato de la cineasta combina sus propias emociones sobre un padre muerto a temprana edad, con los hechos objetivos de esta aventura que transformó a los profesionales en corresponsales de guerra, puesto que los acontecimientos bélicos los obligan a permanecer en Japón por un año. Como si fuera poco, cuando vienen navegando de regreso, ocurre el ataque a Pearl Harbour y son devueltos a Tokio, sin explicaciones. Tras muchas peripecias logran ser repatriados en un barco que traía a evacuados norteamericanos, el que partió desde África.

La película de Barry es una delicada reconstrucción de época y de sentimientos, que envuelve al espectador/a en una atmósfera donde la guerra se mezcla con la aventura y la vida personal de la realizadora que, a la sazón, aún no había nacido. Se trata de un documental con una factura diferente y sensible que escapa a las supuestas convenciones del género.

Como en las funciones de décadas atrás, la proyección de este largometraje documental estará acompañada por dos cortos de stop motion de la realizadora: Deriva y Como alitas de chincol.

JOVEN BELGA INSTALA UN TREN

En Notas para una película, (2022) el destacado documentalista Ignacio Agüero (Santiago de Chile, 1952) recurre al libro de impresiones sobre la Araucanía que el joven ingeniero belga Gustave Vernior escribió sobre sus vivencias de una década (1889 y 1899) abriendo e instalando caminos para unir la zona gracias al tren.

Al igual que Barry, Agüero utiliza diferentes medios para narrar esta historia. Un actor, Alexis Maspreuve, se interpreta a la vez a sí mismo y a Vernior; mientras que los bosques actuales de la zona hacen algo similar: siendo de ahora, son los de siempre, los que recorrió el belga. Recreaciones de época se superponen con la imagen del propio Agüero y fotos de esa década dan cuenta de algo de lo que podría llamarse la Belle Époque chilena.

Todo ello unido por un estilo cinematográfico calmado, en un blanco y negro que, curiosamente, destaca los paisajes y los cielos del sur. La epopeya de la instalación del ferrocarril en Chile ha sido muy pocas veces narrada y documentada en investigaciones públicas, valor agregado a un filme que es hermoso de ver, además de informativo. Las reflexiones del belga son intensas y profundas y permiten adentrarse en lo que pudo ser un espacio paralelo al lejano oeste estadounidense: una región de frontera donde convivían las formas tradicionales de vida de los habitantes ancestrales, con la llegada del progreso. Donde la ley era difusa, por lo que el propio ingeniero debió ser quien ayudara a superar y detener conflictos.

SER REBELDE EN LOS PRIMEROS 70

Sergio Bravo en uno de los irónicos momentos del filme de Flores del Pino.

Cuando Carlos Flores del Pino filmaba Descomedidos y chascones, Chile vivía un tiempo de euforia, odios, proyectos innovadores, individualismo y comunidad. Era 1972 y mientras otros cineastas de su generación filmaban el proceso de instalación del socialismo a la chilena, Flores quiso ser más amplio. Abrir el lente para que entraran todos: cuicos y proletarios; políticos y hippies; pasotas y comprometidos; letrados y no tanto.

Flores tenía, por entonces, 28 años. Había egresado de Veterinaria en la Universidad Austral de Valdivia, y cursado un tiempo en la Escuela de Artes de la Comunicación de la Universidad Católica. Era parte de una generación que, como la definía el crítico de cine y periodista cultural Hans Ehrmann, estaba formada por “una serie de jóvenes cineastas, cuyos nombres aún no suenan, [que] están a punto de pasar del corto al largometraje”. Con el ojo de un hombre experto en su oficio, Ehrmann –en agosto de 1972– le dio a la posibilidad a este joven de explayarse sobre su película, la que debía estrenarse un año y un mes después: el 11 de septiembre de 1973. Justo.

Sobre la forma participativa de filmar el documental, contaba entonces Flores:

«Filmamos varios lugares donde realizan actividades los jóvenes de distintos sectores y clases sociales y eso lo fuimos proyectando a los sectores opuestos. Por ejemplo, filmamos un festival de rock progresivo en Viña del Mar, donde se veía cómo la juventud de la burguesía se divertía un fin de semana. En seguida, esa filmación la llevamos a los compañeros de Textil Progreso. Se la proyectamos y les hicimos una entrevista en sonido directo, donde opinaron sobre lo que acababan de ver. Algunos dijeron que a esa gente había que cortarles el pelo y enviarlos a Isla de Pascua; otros, que había que echarles los carabineros; otros decían que no, que había que integrarlos, que esa gente era necesaria, que lo que pasaba era que no entendían. Otros más, les echaban la culpa a los papás, y otros, que todo eso era parte del mundo capitalista, que era la expresión de la juventud de una clase que está acabándose”.

Verla hoy, a 54 años de filmada, es casi un ejercicio de arqueología. Quizá de lo poco que queda de la época, se mantenga la banda musical compuesta y ejecutada por los eternos Jaivas. Y, por cierto, el poema presumiblemente premonitorio de Floridor Pérez, del cual Flores tomó una frase y la transformó en título: “Queridos ancianos: Si somos descomedidos y chascones si bailamos desesperadamente hasta las cuatro, cinco, seis de la mañana, nunca regresaremos tan bebidos como para olvidar que éste pudiera ser el último domingo de la tierra, por culpa vuestra, queridos ancianos”.

Para quienes tenemos ahora edad suficiente como para haber vivido la época, el recuerdo de esos años será entre nostálgico y entusiasta. Los jóvenes podrán tal vez entender cómo eran sus “antepasados”. En cualquiera de los dos casos, se enfrentarán a una obra madura en forma y fondo, logradamente experimental en muchos sentidos, y que entendía la realización de cine como parte de los procesos participativos de un momento en que el concepto de comunidad era muy fuerte. Retomando a Hans Ehrmann, y coincidiendo con él, se trata de “un análisis inteligente de la actitud de la juventud de diferentes medios sociales frente a la vida y la sociedad.

Coordenadas

Lunes 13 de julio. Atrapados en Japón. Vivianne Barry (2015,  70 min. / HD / Color y Blanco & negro.

Lunes 20 de julio. Notas para una película. Ignacio Agüero. (2022, 105 min. / Digital / Blanco & negro).

Lunes 27 de julio. Descomedidos y chascones. Carlos Flores del Pino. (1973, 75 min. / 16 mm / Blanco & negro).

Todas las funciones son con entrada liberada, a las 18:00 horas en el Teatro Camilo Henríquez (Amunátegui 31, Santiago Centro, Metro Moneda).

Ciclo organizado por el Círculo de Periodistas y la revista de cine Primer Plano.

*Nota de la Redacción:

Ninguno de esos diarios existe en la actualidad, salvo la versión digital de La Nación, sin el carácter estatal que tenía por entonces.

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