CINE ARTE NORMANDIE, CON LOS PÚBLICOS EN MENTE

Se podría afirmar que la práctica de una cultura cinematográfica, materializada en las múltiples vidas del Normandie, ha empoderado al espectador de un rol social. Más allá del puro placer estético, entiende el cine arte con un poder emancipador de las ideas oficiales y estructurantes del deber ser, más allá de lo industrial y económico, de un modo diferente, nuevo, liberador y en colectivo.

El cine Arte Normandie de Santiago ha sido, desde su creación en 1982 y hasta ahora, un lugar donde las películas y el diálogo sobre cine han permitido al público disfrutar, aprender y conocer sobre un cine distinto al que se puede acceder en las multisalas de hoy o los cines de primera vuelta, que aun sobrevivían en la década de 1980. 

El Normandie es el fruto del trabajo de largos años, de una práctica del cineclubismo y de cine arte, y ha sido pieza clave en la cultura cinematográfica de la capital. Las siguientes líneas se sustentan en el libro La vieja escuela. El rol del Cine Arte Normandie en la formación de audiencias (1982-2001), publicado el año 2020, escrito por Claudia María Paz Peirano,Iván Pinto y quien escribe estas línea y también en la investigación sobre el Cine Normandie de la que nace nuestro libro.[1]

La base de la relación entre salas de cine, público y cine arte, está en el concepto de cultura cinematográfica. Una manera de entender el cine que va más allá de las películas, más allá de la sala de cine, y que tiene su foco puesto en la relación con los públicos. 

Esta forma de entender el cine y su potencialidad se comenzó a gestar en la cultura cineclubista de fines de la década de 1960 y comienzos de 1970. Será en esta cultura cineclubista donde se conocerán todos los fundadores del Normandie. 

LOS ESPACIOS Y PERSONAS QUE HICIERAN POSIBLE EL NORMANDIE

La cultura cinematográfica entiende al cine como un “arte complejo que requiere de ‘espacios’ de recepción idóneos, al margen de las distracciones cotidianas y las fruiciones mercantiles.[2]

En la opinión de los miembros del cineclub Nexo (1969), entre los que estaba Sergio Salinas, uno de los futuros fundadores del Cine Arte Normandie, Chile enfrentaba una precaria situación cultural, la que se notaba en la propia producción nacional, en una crítica especializada insuficiente, y en la escasa orientación que recibía el público de cine. 

Según ellos, esta situación llevaría a un “conformismo ético e intelectual”, por lo que uno de sus objetivos principales fue luchar contra los comerciantes que trataban al público como consumidor ingenuo, llamando también a romper con el aislamiento cinematográfico, que ignoraba las grandes obras de este arte mundial.

Años después, se formaría el cine club Omega (1974-1976) que contaba entre sus fundadores a Mildred y Alex Doll, también futuros creadores del Cine Arte Normandie. Este cineclub declaraba que “creemos que es necesaria la formación de una cultura cinematográfica en el país, por lo que estamos empeñados en lograr una amplia difusión que alcance a vastos sectores del público”. 

Fachada de la sede actual del Normandie en calle Tarapacá.

Esta postura, además, debía ir acompañada de “una postura crítica lo suficientemente lúcida […] para permitir orientar mediante la selección”[3]. Es en este cineclub cuando comienza la relación entre Mildred y Alex Doll, Sergio Salinas, Ricardo Stuardo y Jorge Vera, miembros fundadores del Cine Arte Normandie.

Desde estas posturas críticas frente a qué cine y cómo se estaba exhibiendo, este grupo de amigos llevó a cabo ejercicios de ensayos y aprendizajes. Primero en el cine Egaña (1976-1977), donde exhibieron películas como El rostro (Ingmar Bergman, 1958), Luz de invierno (Bergman, 1963) y Fresas salvajes (Bergman,1957), entre otras. 

Estas las obtenían comprándolas a algunas distribuidoras cerradas, que aún guardaban copias de películas del período 1955-1970. También llevaron la gestión de una franja nocturna de cine arte, en el Teatro Toesca. Aquí conocieron a Carlos Velasco, quien también administraba el Teatro Normandie de la Alameda, y era el que les arrendaba el antiguo teatro, construido en 1941 para exhibir películas de estreno estadounidense.

El Cine Arte Normandie se inauguró oficialmente en agosto de 1982 con El caballo del orgullo (Claude Chabrol, 1980). Exhibía tres funciones diarias, incorporando más tarde el cine de trasnoche los viernes y sábados y el “cine foro”, los domingos en la mañana o al mediodía. 

El Normandie lograba estrenar películas que nadie había visto, así como restrenar aquellas que habían tenido poca difusión en medios de comunicación, o eran clásicos que habían venido comprando desde la época del Egaña. La prensa lo describía como el “único de la capital que funcionará de un modo regular y con un programa de estrenos y reposiciones”[4].

El espacio funcionó casi una década como cine arte, pero en el nuevo escenario establecido con la democracia de la primera década de la transición, el cambio inmobiliario que estaba viviendo la ciudad, la mayor competencia con otros espacios culturales y de exhibición cinematográfica que surgieron en ese momento, así como los cambios en los patrones de consumo audiovisual con la llegada de los videoclubes y de la televisión por cable, el Normandie entró en crisis. 

La sala había sido rematada en 1988 y el nuevo dueño, José Daire, informó en 1991 que el arriendo subiría, razón por la que debieron buscar otro teatro. La sala que había sobrevivido desde la década de 1940 dejó de alojar el cine arte y, eventualmente, dejó de existir.

Le sobrevivió la marca “Normandie” y el cartel con el nombre que se trasladó a la nueva sede, y el que  puede verse en la entrada de la sala, hasta hoy. El cine finalmente logró reabrir sus puertas en el sitio que actualmente ocupa en calle Tarapacá 1181. Se trataba de un teatro del año 1960, que primero se llamó Teatro Gala y, entre otros usos, alojó la sala de Silvia Piñeiro. El Cine Arte Normandie había encontrado un nuevo espacio de exhibición idóneo.[5]

LA PROGRAMACIÓN 

La programación es fundamental para comprender la relación del cine con la cultura cinematográfica de Chile en las décadas de los ochenta y noventa, tanto por la manera en que la curaduría cinematográfica estaba estructurada, como por los efectos formativos que esta tuvo para los espectadores. 

La programación del Normandie era –y es– uno de los rasgos más característicos que diferenció al cine de otros espacios culturales capitalinos.

La sala del Normandie.

La programación del Cine Arte Normandie responde a una “cultura cinematográfica” de un modo bastante extenso. En la sala se podía ver desde cine silente  a estrenos cinematográficos del país y del mundo. También hubo reposiciones de filmes antiguos, clásicos y patrimoniales: es decir, películas que no circulaban en el circuito comercial de los cines nacionales de la década de 1980 o 1990. 

Esta gran variedad de películas podían presentarse al público en ciclos de temas, orientados ya sea por autor, género, temática, o como parte de una cartelera que no las vinculara. Fueron muy importantes los ciclos de centros culturales bilaterales y embajadas. 

El complejo período político se refleja en algunas de las censuras  de que fueron objeto. En 1992, el Normandie exhibió una muestra de cine español bajo la curaduría conjunta de importantes instituciones españolas, esta curaduría no fue tomada en cuenta por el Consejo de Calificación, que prohibió Bilbao (1978) de Bigas Luna y Arrebato (1980) de Iván Zulueta. 

El mismo año, también fue rechazada Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón de Pedro Almodóvar (1980), prohibición que se extendió hasta el año 2001, cuando Filmoarte adquirió una copia para exhibirla en el Festival de Verano del Normandie. La película fue nuevamente rechazada por el Consejo de Calificación Cinematográfica, el que alegaba que no podía recalificar una película, generando una nueva discusión sobre la pertinencia de esta ley ya bien entrada la democracia, la que finalmente fue derogada ese mismo año.

Sergio Salinas comentaba:

No son tanto las películas, en sí mismas, las que deben ser objeto de protección sino el contexto en que estas se presentan y donde se produce su interacción con el público. Es muy distinto exhibir un film en un circuito de salas comerciales, rodeado de una publicidad con frecuencia engañosa, y bajo un régimen de explotación mercantil que presentar ese mismo film en un espacio que propicia la reflexión sobre su propuesta y, por tanto, su apreciación en un ambiente adecuado[6].

A través de las décadas se puede apreciar un cuidadoso proceso de selección de películas, que conllevó a la formación de un criterio cultural cinematográfico que fue influyente en sus espectadores. 

El Cine Arte Normandie se enfrentó a las lógicas del cambiante mercado, a la censura imperante y las transformaciones de la sociedad, y mantuvo un curatoría humanista, con un  sentido histórico que posibilitó diversificar la oferta de cultura ofrecida y proyectar obras relevantes de la historia del cine a espacios de exhibición activa. De este modo, el cine se convirtió en un espacio cultural que, a pesar de estar inserto en el circuito, se resistía a rendir la exhibición a la mera entretención. Pese a las dificultades, el cine mantuvo un espíritu de valoración al arte, vinculado con la reflexión social y con la libertad.[7]

LOS FOLLETOS 

El segundo rasgo característico que diferenció al Normandie de otros espacios culturales capitalinos fue la preparación de folletos que acompañaban las proyecciones. En la cultura cinematográfica, como la entendía Salinas, el cine es un poderoso medio para nuestra autocomprensión, pero no lo es de manera natural, sino que mediante su estudio razonado y sociabilizado. El estudio 

atento permite desactivar males como el prejuicio, la banalidad y el sentido común, a la vez que lo prepara, desde el plano de lo sensible, para participar responsablemente de la producción de lo social, pero bien puede el cine también producir los efectos contrarios, como trivial pasatiempo o espectáculo enajenante[8].

Foyer del cine arte Normandie.

A través de los años hubo varias formas de folletos, trípticos, cuadrípticos, hojas unitarias y cuadernillos. Todos compartieron la entrega de contextos de creación de la película que se discutía, una reseña o crítica de la película en cuestión, y su ficha técnica. 

A veces incorporaban citas de críticos o de los propios directores, además de notas biográficas de los directores e imágenes. Estos folletos estaban disponibles en la entrada de la sala.

Desde su inicio, hasta la fecha de su interrupción, Salinas defenderá la relevancia de estos trípticos y folletos que acompañaban la programación. Para él, los textos tenían por objetivo “proporcionar una orientación acerca de la importancia y valores de los filmes exhibidos”[9]

Estos folletos fueron una forma de hablar de cine, con contexto, opiniones y puntos de vista, en una época de nulas políticas de formación de audiencia y de lenta, pero constante, desaparición de las revistas especializadas en cine.[10]

ACERCA DEL PÚBLICO Y A MODO DE CONCLUSIÓN

A través de las películas programadas en el cine, de la guía de sus críticas y de los espacios generados para el encuentro y visionado colectivo, el Cine Arte Normandie se consolidó como una ventana al mundo y una celebración de la diversidad mediante el cine. 

El espacio del cine arte permitió encontrarse, conocerse, y establecer otras formas de sociabilizar. Crear un ambiente propicio para la contemplación activa y crítica del mundo que nos rodea. Ello es a lo que llamamos “cinefilia”, el amor por el cine: no sólo a la acumulación de conocimientos sobre cine, sino a su disfrute colectivo y al aprendizaje de “ser público”, en diálogo con otras y otros dentro y fuera de la sala. 

El Cine Arte Normandie continuó impulsando una cinefilia local que se había venido desarrollando paulatinamente desde la década de 1950, hasta el quiebre de la dictadura, y que se había mantenido a flote sólo mediante iniciativas generadas y mantenidas a pulso, como los cineclubes ya mencionados y otros espacios de goce de cine con conciencia. 

El Cine Arte convocó a una comunidad de amantes del cine, y gracias a ellos se convirtió en un punto de encuentro obligado y un referente cultural durante las décadas de los ochenta y noventa, promoviendo el intercambio cultural en un contexto adverso. 

Focalizado en la formación de espectadores, el cine permitió conocer y reflexionar sobre películas, directores y movimientos cinematográficos, desarrollando una cierta mirada sobre el cine, una forma de ver las películas y hablar de ellas. Así, el Cine Arte Normandie se transformó en un espacio central para estar con otras y otros, ser público activo y, de algún modo, en un espacio de resistencia cultural.

Su público era diverso: críticos de cine, profesionales e intelectuales ciertamente, pero también público no especializado, como amantes del cine de mediana y tercera edad (que habían visto películas norteamericanas y cine europeo en su juventud) y sobre todo estudiantes, quienes llegaban buscando películas alternativas a las salas comerciales o que habían circulado previamente en el circuito comercial, ahora a un precio más accesible.

Portada del libro La vieja escuela. El rol del cine arte Normandie en la formación de audiencias (1982-2001).

El Normandie fue y es una alternativa confiable para un público ávido de cultura y pasó a ser parte activa de la vida en la ciudad. Se transformó en un espacio de encuentro y de conversación más libre, que permitía encontrarse y disfrutar en torno al cine. 

Si bien no era la intención original de sus creadores, el cine se convirtió en un símbolo de la resistencia para sus públicos, que encontraron allí un refugio en los aciagos momentos que vivió la capital en la década de los ochenta, y de las cambiantes formas que trajo la década del noventa.

Se podría afirmar que la práctica de una cultura cinematográfica, materializada en las múltiples vidas del Normandie, ha empoderado al espectador de un rol social. Entiende el cine arte más allá del puro placer estético, del arte con un poder emancipador de las ideas oficiales y estructurantes del deber ser, así como del cine más allá de lo industrial y económico. 

No elimina las nociones de arte ni de economía, las valora y las hace parte del proceso de ver cine, de un modo diferente, nuevo, liberador y en colectivo. PP

BIBLIOGRAFÍA

Cine club Omega. Realizadores de cine, publicación autogestionada, Santiago, 1975.

Bossay, Claudia, Peirano, María Paz, y Pinto, Iván. El rol del Cine Arte Normandie en la formación de audiencias (1982-2001), Pehoé Ediciones, Santiago, 2020. Disponible gratuitamente en https://archivosnormandie.cl/wp-content/uploads/2021/08/libro-normandie-junio-2021.pdf

Capítulos de libros

Salinas, Claudio y Stange, Hans. “Un arte que piensa. La cultura cinematográfica como imaginario estético-político en la obra de Sergio Salinas Roco” En La butaca de los comunes, la crítica de cine y los imaginarios de la modernización en Chile, Cuarto Propio, Santiago, 2013, p.96.

Salinas, Sergio. “Un cine arte para Santiago”. En Lucy Oporto, Sergio Salinas Roco. Cine, humanismo, realidad. Editorial Usach, Santiago, 2017.

Artículos 

Salinas, Sergio. “Cine-visión”, La 3ª de la hora, 5 septiembre 1982.

Stange, Hans y Salinas, Claudio. “Una pequeña historia el cine: Sergio Salinas, promotor de la cultura cinematográfica en Chile.” Palabra clave. Vol.16 No. 2, 2013, pp. 607-624.


[1] Consejo Nacional de la Cultura y las Artes mediante el Fondo Audiovisual, Folio nº 437486, convocatoria 2017 – 2018.

[2] Stange, Hans y Salinas, Claudio. “Una pequeña historia el cine: Sergio Salinas, promotor de la cultura cinematográfica en Chile.” Palabra clave. Vol.16 No. 2, 2013, pp. 607-624.

[3] Ambas citas de Realizadores de cine, publicación autogestionada con los programas de exhibición entre noviembre de 1974 y diciembre, 1975.

[4] “Cine-visión”, La 3ª de la hora, 5 septiembre 1982.

[5] Para encontrar más detalles sobre estos ejercicios de cultura cinematográfica y peregrinaciones urbanas, les recomiendo leer el primer capítulo de La vieja escuela. El rol del Cine Arte Normandie en la formación de audiencias (1982-2001), disponible gratuitamente en https://archivosnormandie.cl/wp-content/uploads/2021/08/libro-normandie-junio-2021.pdf

[6] Manuscrito del discurso presumiblemente dado ante el recién creado “Club de Amigos del Normandie” circa 2002-2003.

[7] Más sobre la programación, en el segundo capítulo de La vieja escuela. El rol del Cine Arte Normandie en la formación de audiencias (1982-2001).

[8] Salinas, Claudio y Stange, Hans. “Un arte que piensa. La cultura cinematográfica como imaginario estético-político en la obra de Sergio Salinas Roco”. En La butaca de los comunes, la crítica de cine y los imaginarios de la modernización en Chile, Cuarto Propio, Santiago, 2013, p.96.

[9] Salinas, Sergio. “Un cine arte para Santiago”. En Lucy Oporto, Sergio Salinas Roco. Cine, humanismo, realidad. Editorial Usach, Santiago, 2017.

[10] Para saber más sobre las críticas leer el tercer capítulo de La vieja escuela, así como visitar www.archivosnormandie.cl, donde están digitalizados todos los folletos que sobrevivieron al paso del tiempo.

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