La epopeya que en Ŋa Hinarere narran los hijos de quienes la protagonizaron es de esas historias que, en el Continente no se conocen y si en parte se saben, pesan sobre ella sombras de dudas: la llegada del expedicionario noruego Thor Heyerdahl (1914-2002) a Rapa Nui. Esas dudas parten de dos vertientes: una, de la misma isla, liderada por el sacerdote Sebastián Englert, el primero en investigar sistemáticamente el pasado y el idioma de la isla, quien según recordaban los cineastas Nieves Yankovic y Giorgio Di Lauro, les manifestó su molestia con la expedición cuando ellos, paralelamente, estaba realizando su renombrado documental.
La segunda vertiente son las dudas del mundo científico, las que llegan hasta el día de hoy, y que incluyen dos factores: la imposibilidad de probar la principal teoría de Heyerdahl, que postulaba las interrelaciones entre los pueblos andinos y las islas de la Polinesia. Y, por otro lado, la cuestión ética, ya que el explorador sacó múltiples piezas arqueológicas de la isla, incluyendo restos humanos, y las llevó a Oslo (desde hace algunos años, se ha iniciado el proceso de repatriación de ellas, para instalarlas en el museo de la isla).
El documental no toca esos aspectos y quizá esa sea su única falla, para centrarse gracias a potentes documentos fílmicos en la obra de Heyerdahl, de su equipo y de sus colaboradores rapanui para descubrir esculturas megalíticas, sacarlas del reposo en que quedaron después de la violenta y prácticamente mítica guerra entre tribus, y devolverles el esplendor.

Perdón por una digresión personal: a fines de los 80 fui por trabajo a la isla y conocí a Isabel Pakarati. Fue la primera vez que escuché que los habitantes de ese territorio estaban orgullosos del trabajo conjunto con el noruego y su equipo. Por primera vez también, supe de cómo incluso fueron encontrados y puestos en su lugar los ojos de los Moais que ahora miran infinitamente el océano. No es de extrañar que el filme omita las críticas y se quede en la recuperación de parte de sus raíces.
Leonardo Pakarati (Rapa Nui, 1967), cuyo primer documental Te Kuhane o Te Tupuna (el espíritu de los ancestros) gira en torno al amigo robado, un Moai que desde el siglo XIX es admirado en el Museo Británico y que sigue allí pese a las gestiones tanto del Consejo de Ancianos de la isla como del Estado de Chile, muestra en su segundo filme las reflexiones de extranjeros y rapa nui hijos de quienes estuvieron con Heyerdahl en el proceso de levantamiento de los monumentos megalíticos e incluso las de un nieto de uno de los pascuenses quien se plantea la pérdida del alma de los ancestros en la vida actual de la isla.
El documental tiene una estructura simple pero efectiva, para ir narrando los diversos aspectos, felices y trágicos, mediante las voces de Thor Heyerdahl hijo; Marta Hotu, hija de Lázaro Hotu quien fuera uno de los principales habitantes involucrados en demostrarle al noruego que la sabiduría ancestral no se había perdido; Brigid Mulloy, hija del antropólogo estadounidense William Mulloy, mano derecha del investigador; de Enrique Baeza, hijo del profesor normalista Lorenzo Baeza, que protagonizó un acto heroico por el cual la escuela isleña lleva su nombre, y del propio realizador porque su familia estuvo también involucrada en la gesta.
Cada testimonio, además de presentar aspectos desconocidos, tiene una fuerte carga emocional que se traspasa a la audiencia con honestidad y verdad personal. Se conocen detalles históricos de gran violencia, como que los habitantes tenían prohibido por las autoridades chilenas, el paso a grandes espacios de la isla, y parte de la población solo pudo acceder a ellos acompañando la investigación en sitios como las canteras de Rano Raraku y Puna Pau, el pueblo ceremonial de Orongo en Rano Kau, entre otros, así como a la bahía de Anakena, donde estuvo la base de los expedicionarios.

Pakarati también reconstruye la historia contemporánea de Rapa Nui, con sus dramas y sus abandonos, usando un atrayente material de archivo aportado por diversas instituciones, entre ellas las propias filmaciones de Heyerdahl, guardadas en el Museo Kon Tiki de Noruega; registros anteriores como L’Ile de Paques, un filme belga de 1935; material del Museo de Historia Natural de Chile y del National Film Board de Canadá.
Todo el conjunto conforma una obra emocionante a la vez que educativa y que muestra, aunque sin hacer hincapié en ello, cómo el valor de los vestigios del pasado a veces es sacado de su entorno para ser mostrado fuera de su verdadero hábitat. Es el caso de los más de cinco mil objetos que el investigador se llevó a Europa. Almacenados y exhibidos en el Museo Kon-Tiki de Oslo, una parte ha regresado a su lugar de origen, entre ellos cráneos y otros restos humanos.
Si la aventura de Heyerdahl, de 1947, con su embarcación Kon-Tiki lo hizo conocido en gran parte del planeta y le permitió ganar un Oscar al Mejor Documental por el filme en que la relata, esa fama ayudó a que su investigación posterior en Isla de Pascua (mitad de los años 50) pusiera a esta enigmática parte de Chile en el imaginario mundial.
Y lo que ha hecho Leonardo Pakarati ahora es retomar ese fragmento de la historia de su territorio y hacerlo nuevamente visible de una manera atractiva y rigurosa a la vez. PP.
Ŋa Hinarere (Los hijos). Dirección y guion: Leonardo Pakarati. Dirección de fotografía: Guillermo Bravo. Cámara: Gabriel Tramón, Guillermo Farías. Montaje: Diego Macho. Casa productora: Mahatua Producciones, con el apoyo de la Universidad Mayor. Documental. Digital/Color. Duración: 72 min. Chile, 2026.
