MONICA VITTI (1931-2022)

Musa de Antonioni para un cuarteto de películas de alto calibre –La aventura, La noche, El eclipse y El desierto rojo– Mónica Vitti fue la cara femenina de estos filmes ícono de la incomunicación burguesa europea de la post-guerra. De este mundo altamente intelectualizado, pasó sin transiciones a la comedia, su género natural, de la mano del maestro Mario Monicelli en La muchacha con la pistola, donde era una siciliana del mundo popular que viajaba a Londres a cobrarse el honor perdido. Por los veinte años siguientes se rió e hizo reír con la misma eficacia con que antes nos angustiara y sedujera.

Su sonrisa franca y amplia, su nariz imperfecta, su mirada lánguida y miope, pero cargada de intenciones y su melena convenientemente rubia conocieron poco de la usura del tiempo. Una forma de Alzheimer y el amor de su marido la sustrajeron de la atención pública desde comienzos de siglo. Parece imposible que haya fallecido a los noventa años.

Algunas de sus frases:

“Me duele hasta el pelo” (El desierto rojo)

“Antes muerta que deshonrada” (La muchacha con la pistola)

“Las actrices, digamos feúchas, que tanto éxito tienen en Italia hoy, me lo deben a mí. Yo fui quien echó la puerta abajo”

“Es Roma la eterna, no nosotros”

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