EL AGENTE SECRETO: CUANDO LA DICTADURA GOLPEA LA PUERTA

Poco habríamos creído que solo un año después del éxito mediático internacional de Aún estoy aquí (Walter Salles, 2024) se estrenaría otro largometraje brasileño sobre la dictadura de ese país, que generaría tal entusiasmo entre la crítica y el público que acabaría opacando a su predecesor. Sin embargo, es exactamente eso lo que ha conseguido El agente secreto (Kleber Mendonça Filho, 2024).

Mendonça, como Salles, presenta una historia ambientada en la dictadura brasileña (1964-1977) y se afana por explorar, mediante saltos temporales y ciertos paralelismos históricos, sus vínculos con el presente. Las semejanzas no van mucho más allá. Salles privilegia la linealidad del relato mientras que Mendonça quiebra esa linealidad introduciendo escenas en el presente. El primero ofrece un melodrama inscrito en la línea de La historia oficial (Luis Puenzo, Argentina, 1985), Machuca (Andrés Wood, Chile, 2004), El año que mis padres se fueron de vacaciones (Cao Hamburger, Brasil, 2006). El segundo opta por un estilo ecléctico, que echa mano a las referencias cinéfilas, las tradiciones y leyendas populares de Pernambuco –estado del Nordeste de Brasil de donde procede Mendonça Filho–, el humor negro, el espíritu paródico del carnaval y la ironía.

El resultado es un filme estéticamente rico y de narrativa inteligente y compleja que sigue el recorrido de Armando (interpretado porWagner Moura), un científico perseguido por la policía de la dictadura. Tras pasar mucho tiempo lejos de Recife, su ciudad de origen, regresa de incógnito para resolver un conflicto relacionado con Henrique Ghirotti, poderoso empresario, cercano a las altas esferas del régimen. La recreación de los años setenta en Brasil, con su atmósfera de paranoia social y opresión es uno de los puntos fuertes del filme. A ello contribuye la búsqueda de Kleber Mendonça por aproximarse a la visualidad del cine brasileño de los setenta y al policial político estadounidense e italiano de la misma época. En otras palabras, no solo la dirección de arte y el vestuario sino toda la fotografía y la puesta en escena recuerdan al pasado en el que el filme está ambientado.

Sin embargo, Mendonça huye del riesgo de caer en una película nostálgica o costumbrista. El agente secreto asume constantemente el riesgo de salir de lo obvio, de arriesgarse a introducir elementos absurdos, seres fantásticos –piernas asesinas, gatos bicéfalos– y escenas violentas con claras alusiones al gore. Son esos riesgos –de los que el relato no siempre sale incólume– los que le dan más frescura al filme y lo hacen mucho más difícil de olvidar que buena parte del cine cuajado de fórmulas manidas que inunda las pantallas contemporáneas. A ellos habría que añadir, entre sus elementos más destacables, una dirección de actores particularmente efectiva y un intérprete principal, Wagner Moura, que entrega uno de los mejores papeles de su ya extensa carrera.

Muchos de los temas centrales de la filmografía de Mendonça aparecen en El agente secreto. La casa de la señora Dona Sebastiana –un personaje que se ha convertido en un auténtico fenómeno social en Brasil– donde se refugia el protagonista y otros perseguidos políticos, emerge como una comunidad unida ante el peligro exógeno, donde los lazos de fraternidad y las conexiones con las tradiciones locales aún son posibles. Lo mismo sucedía con el pueblo de Bacurau (2018), que plantaba cara a un grupo de exterminio extranjero. Esa resistencia de la comunidad local, por cierto, es el eje que articula El sonido alrededor (2012), el primer largometraje de Mendonça –y, tal vez, el mejor. Al igual que en Aquarius (2016) y Retratos Fantasmas (2023), es posible distinguir en El agente secreto un proyecto de modernización predatoria, vertical, autoritaria al que se oponen los protagonistas. Si en los dos primeros casos dicho proyecto estaba relacionado con la destrucción del patrimonio arquitectónico y cultural de Recife, a manos de la especulación inmobiliaria, en este caso, se trata del desmantelamiento del laboratorio universitario de Armando impuesto por los intereses industriales de Henrique Ghirotti.

APUNTAR A LOS COMPLICES ACTIVOS

Como en casi todos los filmes de Mendonça Filho, la comunidad local debe enfrentar un peligro externo que procede del sur del país. Las élites locales oscilan entre la indiferencia ante los problemas de la comunidad y el apoyo a los intereses del sur (o del extranjero). Esa dicotomía tan marcada, reproduce las tensiones culturales e históricas que aún hoy marcan a Brasil, con una región Nordeste más pobre, más desigual e, históricamente, granero de votos de los partidos de izquierda, y las regiones del Sur y del Sudeste más ricas, más industrializadas y mucho más conservadoras. En su largometraje Bacurau (2018), Mendonça Filho abordó esa tensión de forma socarrona y con ciertas dosis de humor negro, presentando una distopía en la que el país se había dividido en Brasil del Norte y Brasil del Sur (en este último se hacían ejecuciones públicas). En El agente secreto, el conflicto se plantea de forma un tanto didáctica en la ya célebre escena del restaurante en la que Armando y su esposa (ambos nordestinos y mestizos) se enfrentan al desprecio y el racismo del antagonista Henrique Ghirotti y su hijo (procedentes del sudeste, blancos y conservadores). A pesar de que la escena es tan explicativa que cae en lo pedagógico, ha sido bastante celebrada por la crítica extranjera, probablemente porque ayuda a la comprensión del público extranjero. 

Con sus policías corruptos que persiguen a Armando actuando como sicarios, El agente secreto se opone abiertamente a los discursos nostálgicos de la dictadura, según los cuales ese tiempo habría sido más seguro. Los dos policías, por cierto, proceden de Río de Janeiro, como queda claro por su marcado acento. La alusión no pasará desapercibida para el público conocedor de Brasil: es en Río donde se origina el fenómeno de las milicias, los grupos mafiosos relacionados con la corrupción policial y política que, hoy en día, dominan amplios sectores de la ciudad y que han sido acusados, entre otros, del asesinato de Marielle Franco (*). Es también Río de Janeiro el feudo político de una cierta familia Bolsonaro… De los polvos de la dictadura vienen los lodos del presente.     

Walter Moura con el realizador Kleber Mendonça Filho.

La ausencia casi total de militares en El agente secreto puede llamar la atención, puesto que, a fin de cuentas, el filme está ambientado en plena dictadura. La elección recuerda a lo que hizo Glauber Rocha en Terra em transe (1967) una película sobre los orígenes de la dictadura, casi sin uniformados. No es un descuido por parte de Mendonça, como tampoco lo fue por parte de Rocha. En ambos casos no es el ruido de sables lo que interesa retratar, sino los grupos sociales que hicieron posible la dictadura y se nutrieron de ella. Los grandes antagonistas del filme son las élites. Por un lado, las locales, con sus privilegios y su clasismo directamente heredado de la sociedad esclavista (véase la magistral escena sobre la patrona asesina que recibe apoyo en la comisaría; por cierto, una historia basada en un caso real). Por otro lado, las élites empresariales de São Paulo, encarnadas en el sudoroso Ghirotti, que esgrimen su origen italiano como si fuera la prueba suprema de su superioridad.

En definitiva, El agente secreto apunta el dedo –o mejor dicho, la cámara– hacia la participación civil en la dictadura y, en consecuencia, hacia los grupos que la apoyaron, que se enriquecieron con ella y que, aún hoy, la defienden. Como en el caso de Aún estoy aquí se percibe un interés explícito por rastrear los vestigios de la dictadura en el Brasil contemporáneo, incluyendo la dificultad de recordar sus crímenes o la resistencia a hacerlo. Se trata de un tipo de cine fuertemente reflexivo y crítico que surge como una reacción directa a los años recientes en que la extrema derecha gobernó Brasil, de la mano de Jair Bolsonaro, e hizo de la dictadura el espejo en el que mirarse. Precisamente por estas razones, me parece que El agente secreto es la mejor película para ver hoy en Chile, ahora que el país ha decidido emprender el mismo lúgubre camino.

El agente secreto. Dirección y guion:Kleber Mendonça Filho. Reparto: Wagner Moura, Luciano Chirolli, Roney Villela, Maria Fernanda Cândido, Gabriel Leone, Alice Carvalho, Udo Kier, Thomás Aquino, Tânia Maria. Casas productoras: CinemaScópio Produções, MK Productions, Arte France Cinéma, MK2. Duración: 161 min. Ficción. Brasil, Francia, Países Bajos.

Nota de la Edición

Marielle Franco fue una socióloga, feminista, política y activista brasileña. Militante de los derechos humanos, ​ luchó por los derechos de las mujeres negras en Brasil, sobre todo de aquellas que viven en las favelas. Asesinada en 2018.

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