LINA WERTMÜLLER (1928-2021)

En cierta ocasión, dando cuenta de su proverbial ego, Lina Wertmüller se autodefinió como a mitad de camino entre el cabaret y Shakespeare. La respuesta no se dejó esperar en el medio cinematográfico italiano: “Habrá querido decir que se quedó a mitad camino del cabaret, porque lo de Skakespeare…”

Ayudante de dirección de Fellini (del que tomó prestado más de algo) y realizadora de comedias populares, Wertmüller, proveniente de una antigua familia noble suiza, dio un salto cuántico cuando encontró en el actor Giancarlo Giannini al intérprete ideal para sus sátiras políticas de elaborados títulos y sobrecargada estética. De estas, la más famosa sigue siendo Siete bellezas (1975), que alcanzó un insólito éxito internacional y  le permitió ser la primera directora candidata al Oscar. 

Este hecho ha sido a menudo utilizado por el feminismo para enarbolar su nombre como signo del movimiento. Nada más equívoco. Basta ver hoy la película para reconocer en ella una ideología ambigua y sospechosamente machista, como lo denunciara el sicoanalista Bruno Bettelheim en su momento, y que sería confirmado por la obra posterior de la cineasta. 

Fue esposa de Enrico Job, conocido escenógrafo napolitano, con el que trabajó también en sus películas. Dotada de una exuberante personalidad, amaba dar que hablar, a menudo más por razones políticas que artísticas. Recibió un Oscar honorífico en 2019. PP

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