PROYECTO FIN DEL MUNDO: ¿SE PUEDE MORIR EL SOL?

Más acorralado está el optimismo global y más aterradores se vuelven los efectos especiales con los que se nos visualiza el capítulo final de la vida planetaria. Pero toda variante amable sobre el motivo del Apocalipsis puede alejarnos de esa posibilidad  … ¿o… acercarnos a ella?

¿Será el miedo al futuro una profecía autocumplida? ¿O una posibilidad  de enmendar el rumbo?

Asumamos que narrar es una forma de orientarnos, un ejemplo, una purificación… y una estrategia de sobrevivencia.

El género de ciencia-ficción no es lo mismo que el de anticipación, o el  fantástico, pero a los espectadores de las multisalas hay que evitarles esas sutiles confusiones y probablemente esto empuja a que los exhibidores quieran ser lo más claros posibles con los títulos que anuncian, aunque se les pase el tejo en el intento.

Proyecto fin del mundo alude directamente a Interestelar y El marciano. Con eso debiera bastar para saber con lo que se encontrará por dos horas y media: viajes hacia el infinito y más allá, como diría Buzz Lightyear, una baraja de tiempos paralelos, algún tema ecológico con sazón religiosa y un héroe que es solo posible en manos de un actor carismático y, en este caso, con humor suficiente como para pasearse por una amplia gama de citas culturales, musicales y cinéfilas, sin caer en pedantería alguna y que involuntariamente pasará las de Robinson Crusoe, pero perdido en el espacio..

La historia tiene un aspecto insólito, pero plausible. Un tipo chascón, con barba y ojos azules saltones parece despertar, (¿o resucitar?) en una nave espacial que no está frente al sol, sino que cercano a… un lugar muy muy lejano.

Bastante loco se ve el doctor Grace (Ryan Gosling), pero lo insólito es que no se haya quedado así con semejante resurrección (¿o despertar?): absolutamente solo, con dos colegas muertos en alguna parte y con una nave espacial dirigida a un destino en que él no ha tenido mucho que opinar. La voz del centro de control le explica lo que debe o no debe hacer.

Varios raccontos nos pondrán en dominio de la razón cruel de su destino suicida: debe salvar a la humanidad, lo quiera o no. El recuerdo de una científica, de nombre Eva (Sandra Hüller) parece amablemente ser la causa, como antes la Trinity de Matrix, y antes todavía la Princesa Leia de La guerra de las galaxias y centenares de mujeres-manzanas que han hecho andar a los hombres para que dignamente merezcan tal denominación. La trama y sus giros, más o menos convencionales, parecen ilustración de un tipo de historia que tan bien estudiara el mitólogo Joseph Campbell y que hiciera de George Lucas un tipo muy, muy, rico.

Fácil es quedarse ahí y en la línea tenue que separa el género de ciencia-ficción de toda su parentela narrativa. Pero algunos ingredientes otorgan matices, que no se disfrutan habitualmente, al menos no en el envase de este género de películas.

Lo primero es que el relato sobreviva de lo más bien a sus presupuestos científicos, ecológicos y políticos. Es decir ¿no es muy arriesgado proponer hoy un héroe que es casi el cliché del estadounidense, salvador del mundo… aunque el mundo no se lo haya pedido?

Pues bien, de alguna manera el relato de Robinson Crusoe espacial, con lo anticipable que pueda ser, resulta interesante gracias a su afortunado intérprete. Ryan Gosling es mejor comediante que tipo serio, pero principalmente por una grácil característica de tono: el humor. Se puede uno preguntar  si esto no es un truco barato para la taquilla. Más barato es el sexo y para qué decir la violencia, que hoy debiera estar en oferta por fin de la temporada pacífica. Quizás por esto mismo el humor ocupa la principal sazón de la aventura. Keir Dullea, el parco protagonista de 2001: Odisea del espacio apenas movía un músculo facial, lo mismo Matt Damon en El marciano. Acá es casi sistemáticamente lo contrario, sin que esto adelgace los significados posibles o banalice la circunstancia trágica del doctor Grace… ¿será ese apellido otro chiste?

El título original Proyect Hail Mary parecería sugerirlo, pero claro no puede ser… en todo caso las alusiones religiosas se desperdigan a lo largo del relato. Fácil es ver en el doctor Grace a un resucitado, con conocimiento de un pasado que parece cerrado sobre sí mismo y dirigido a redimir a la especie humana de sus propias lacras y mezquindades, expresadas en un sol ya menguante y en unos oscuros y casi invisibles devoradores de luz que están multiplicando la oscuridad definitiva con la colaboración conciente de sus principales víctimas: la humanidad. El lado oscuro de la fuerza de tan cinematográfica memoria y que Grace tiene el tino de no mencionar explícitamente.

Y HE AQUÍ OTRO GRAN INGREDIENTE: LA CINEFILIA

Las citas musicales y coreográficas que aluden a todo el cine anterior similar y con flechazos a la universalidad y a la clara autoconciencia de la representación que muestra, debiera desactivar el estallido de la bomba racional-científica que tiene a los espectadores sometidos a la seducción por los efectos especiales y al doctor Grace encerrado en su nave espacial.

Quizás dure más de la cuenta, quizás algún chiste local devuelva a la butaca, pero se regresa fácil a la ficción, facilitando que Rocky… ( sí, ese mismo, el boxeador aquel) entre en escena a animar y acelerar el ritmo, ridiculizar la inteligencia artificial y finalmente redimir la dignidad de la profesión docente.

Excelente, como se podía esperar, la casi taciturna actuación de Sandra Hüller, cuyo inesperado karaoke puede ser una síntesis de lo mejor de una película: formalidad y distancia industrial, que busca la máxima eficacia sacrificando toda emoción, pero que sin embargo está repleto de sentimientos no expresados, como una Esfinge de rostro enigmático.PP

Proyecto fin del mundo. Dirección: Phil Lord y Christopher Miller. Guion: Drew Goddard, basado en la novela de Andy Weir. Reparto: Ryan Gosling, Sandra Hüller, Milana Vayntrub. Fotografía: Greig Fraser. Casas productoras:Pascal Pictures, Lord Miller, Waypoint Entertaiment, Open Invite Films. Duración: 156 min. Estados Unidos, 2026.

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