ACCATONE Y MAMMA ROMA: EL RESCATE DE LA CULTURA POPULAR EN PASOLINI

Atreverse a reflejar un grado de complicidad entre prostituta y proxeneta puede resultar, hoy por hoy, una imperdonable provocación. Pasolini, a quien provocar se le daba bien, hace de ésta, y otras contradicciones abordadas en sus dos primeros filmes, Accattone y Mamma Roma, un vehículo que, sin romantizar, conduce hacia la sensibilidad del mundo marginal que sobrevive bajo las ruinas de la pretendida civilización. 

Tráiler de Mamma Roma.

Se puede partir por afirmar que las dos primeras películas de Pier Paolo Pasolini (1922-1975), Accattone (1961) y Mamma Roma (1962), conforman una unidad. La primera, que contó con la asistencia de Bernardo Bertolucci, muestra la tragedia de Accattone, un hombre arrojado a la marginalidad de la posguerra italiana; una realidad que solo le ofrece tres opciones, y ninguna más: ser proxeneta, robar o trabajar. 

La segunda, otra tragedia ambientada en el mismo momento histórico, narra las dificultades que tiene Mamma Roma, una prostituta que deja la calle con la ilusión de redimir a su único hijo, Ettore, de lo que parece ser un destino familiar, a saber, la vida delictual.

Accattone, encarnado por Franco Citti (1935-2016), escoge la más deshonrosa de las tres: mal vive de las mujeres. Lo hace no sin antes reflexionar sobre la esclavitud del trabajo, e intuir los peligros que le traería una eventual vida de ladrón. Ambas opciones representan para él la pérdida de su condición de hombre libre, y quizás, en segundo plano, la muerte. 

Sin dejar de reflejar lo despiadado de sus acciones, Pasolini, director de las contradicciones, procura mostrarnos un proxeneta que padece su enajenación. Ésta, se torna a ratos latente y lo empuja a inventar temerarios desafíos para olvidarse de sí mismo y de las mujeres a las que explota, con las que se insinúa una contradictoria complicidad.

Como la otra cara de una misma moneda, Mamma Roma, a diferencia de Accattone, cree que tiene una mejor opción. Interpretada por la monumental Anna Magnani (1908-1973), Mamma Roma ha dejado de “hacer la calle” para comenzar una nueva vida y, así, evitar que su joven hijo, Ettore, se convierta en un marginal más deambulando por la periferia romana. 

Fotograma de Mamma Roma.

Y aunque lo intenta desempeñándose como verdulera en un mercado en la periferia de la histórica ciudad, y, mendigando amparo en la Iglesia Católica, resulta interesante ver cómo toca el sueño valiéndose de métodos cuestionables y asociándose con los únicos con que una prostituta podría relacionarse: los despreciados marginales.

Como si las ruinas del Imperio Romano de Occidente presentes en Mamma Roma sugirieran un origen remontado mucho más atrás en el tiempo, la complicidad entre proxeneta y prostituta se manifiesta también en este segundo filme. Y es que Pasolini pone en escena el origen de la civilización para rescatar bajo sus ruinas la solidaridad que entraña en sus prácticas el mundo popular.

Ambas películas son expresiones de un neorrealismo al que Pasolini llega tarde y, aun con eso, logra desbordar el ideal estético que éste proponía, sugiriendo una mayor complejidad de sus personajes cuyas perspectivas, como en los mitos, parecen reflejarse cada una en la realidad de la otra, sin maquillar sus demonios, procurando enaltecer sus sensibilidades ahogadas en la pretendida pulcritud de la clase media italiana de mediados del siglo pasado. 

Pasolini, poeta antes que director, releva la poesía en el cine y la ofrece en los gestos por sobre los imperativos de la razón. La humanidad que rescata de sus personajes se halla en la ternura de un baile, en la novedad de un paseo en moto, en la ceremonia de un clavado, en lo intempestivo de un llanto o en la furia de una mirada; todo acompañado de una técnica cinematográfica que, a juicio del boloñés, no debía perder de vista lo sacramental, y cuyo abordaje se plantea más allá de la simple evocación. 

Tráiler de Accattone.

Intuyendo que la promesa de libertad, que tanto Accattone defiende como Mamma Roma persigue, no es más que una promesa vacía en el escenario que llamó “neocapitalista” y que observó caracterizado por la promoción del modo de vida consumista burgués, Pasolini enfrenta a sus personajes con las instituciones que operan como promotoras contemporáneas de aquella civilización, para emprender el rescate de un modo de vida que yace en la marginalidad de sus ruinas. 

Así, con sus “razones políticas”, pero sobre todo con su “sentimiento poético”, Pasolini busca reflejar la lucha de un sector marginado por salir de las ruinas en las que el devenir de la civilización los fue relegando sin opción. 

El cine de Pasolini, incluso en su momento neorrealista, insiste en una búsqueda de aquello que se ha perdido en los designios del tiempo, y que él considera aun vivo en la cultura popular y su folclore. Lo hace en un sentido gramsciano, filósofo por el cual se encuentra fuertemente influenciado en esta etapa de su creación cinematográfica. 

Es por esto que, a cien años de su nacimiento, y en momentos en donde las disputas hegemónicas vuelven a poner en tela de juicio a la mentada civilización, las dos primeras películas de Pier Paolo Pasolini se vuelven oportunas cobrando juntas y en su metarrelato, gran vigencia y valor. PP

Accattone. 1961. Director: Pier Paolo Pasolini. Ficción. Reparto: Franco Citti, Silvana Corsini, Franca Pasut, Paola Guidi, Adriana Asti, Mario Cipriani, Roberto Scaringella, Adele Cambria. Productora: Cino del Duca P.C, Arco Film Roma. 116 min. Italia

Mamma Roma. 1962. Director: Pier Paolo Pasolini. Ficción. Reparto: Anna Magnani, Franco Citti, Ettore Garofolo, Silvana Corsini, Luisa Orioli, Paolo Volponi, Luciano Gonini, Vittorio La Paglia. Productora: Arco Film Roma. 110 min. Italia

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