ANACRONÍA Y EPIFANÍA POLÍTICA EN MALA JUNTA

Una fresca anacronía se desprendía de las imágenes en Mala junta, que no podía ser contenida en los conceptos de fragmentariedad, vaciamiento, descentramiento o en el obstinado presentismo. Tampoco por la dictadura estética de lo cotidiano, las poéticas de lo efímero y las ataduras del consenso devenido en la ausencia de conflicto narrativo. Es decir por todo aquello que había sido abrazado, celebrado y defendido por una intelectualidad local orgánica al proyecto institucional del cine chileno inaugurado en 2005, consagrado en el espurio vocablo de novísimo cine chileno junto al marketing cinematográfico global de Marca Chile y que tuvo su cénit con la obtención del Oscar en 2018. Que hoy, quizás solo mientras se leen estas palabras, se podría renombrar como el neoliberalisísimo cine chileno.

La anacronía estética logra toda su potencialidad si fisura, aunque sea momentáneamente, el pacto representacional que tenemos con el presente, ese que vivimos cotidianamente. Su objetualidad/visualidad está preñada de un mundo que nunca llegó a serlo en plenitud, o aún no ha llegado a comparecer como presente; está fuera de su tiempo, ese que no es la sucesión lineal de eventos, sino las coordenadas en que se desplaza el sentido preguntándose por sí mismo. Disruptiva solo en la medida en que logra hacer vibrar una hebra que habita en el tejido de lo sensible, aunque pareciese no estar ahí. La anacronía entendida así, tiene un diálogo con el concepto de epifanía de Gilles Deleuze: eso que sucede en la estructura estética entre “series resonantes” baja la presión de lo (no)existente, lo subsistente o lo (no)actual que provoca una escalada de divergencias.

¿Cuál era en ese momento la anacronía? Huaquimilla construyó una epifanía política con el Tano (uno de los dos personajes principales), filtrando los ecos de las estéticas políticas cinematográficas de los años sesenta y setenta. Desde que James Joyce reinscribió en el mundo literario el concepto de epifanía, esta se ha utilizado para identificar ese momento individual de revelación de la verdad de lo propio, motivado por eventos casuales. En la estructura narrativa estandarizada por los grandes estudios cinematográficos esto, muchas veces, coincidía con el segundo punto de quiebre emocional de un personaje, que aceleraba el clímax narrativo. La verdad revelada era el momento previo y necesario para la consolidación de una nueva realidad para las/os personajes.

En las cinematografías del Tercer Cine abundaron los momentos epifánicos. Pero la verdad revelada ya no era pura interioridad, sino estaba referida a las contradicciones estructurales de la sociedad que condicionan la mismiedad de las/os personajes. La gravedad del mundo se posaba en el fondo de la subjetividad de estos para generar una transformación interna, que no devenía necesariamente en un nuevo estado de las cosas, a diferencia de la narrativa estandarizada, ya que el objeto político se encontraba en la exterioridad de la película, en un ejercicio mimético entre la realidad referida (película) y la vivida (espectadoras/es). Por ejemplo, lo que ocurre al Padre Jaime, en Ya no basta con rezar (1972), de Aldo Francia. Esta epifanía narrativa tiene un correlato con la toma de conciencia de clase marxista, donde el “obrero”, al interior de las luchas colectivas por la emancipación social, no solo dimensiona el significado injusto de su posición dentro de la estructura productiva, sino que vivencia su pertenencia a una clase frente al capital como una realidad nueva. A esto le podemos llamar epifanía política.

¿Cuál es la epifanía política del Tano? Es un joven que vive en las periferias empobrecidas de Santiago y que, tras protagonizar un asalto frustrado, es enviado por su madre donde su padre, en el pueblo de San José de la Mariquirina en la Región de los Lagos, para evitar que sea ingresado al Sename. Ahí conoce al Cheo, un joven weichafe de una comunidad mapuche, que lucha, junto a su comunidad, contra la celulosa Arauco. La película nos ubica en el centro del desafío soberanista mapuche; pero, a diferencia de El verano de los peces voladores (2013) de Marcela Said, el punto de vista narrativo no radica en la clase alta santiaguina y en el discurso colonizador chileno. Tampoco entiende que es un conflicto social sin solución; es decir, carente de condición política, habitando en un estado naturalizado de las cosas. Mala junta sitúa el conflicto social en el proyecto neoliberal de desarrollo económico chileno y en las formas post-estatales del colonialismo republicano.

El protagonista (Andrew Bargsted) y su padre (Francisco Pérez-Bannen)

La epifanía política de Huaiquimilla apunta a un momento de conexión transformadora entre los ecos difusos de ese otrora sujeto popular que ha devenido en delincuente (Tano), que visibiliza su condena social al ver/experimentar la represión estatal en Wallmapu y el mapuche concebido en su dimensión de agente de resistencia (Cheo), que presiona las certidumbres neoliberales, donde la violencia solo tiene sentido si hay un componente político. Proyectando una simetría social en que los sectores empobrecidos de las ciudades son tan periféricos a la acumulación del capital como la comunidad del Cheo lo es al proyecto republicano colonial post-estatal chileno. Un pacto entre las/os condenados de la tierra, una forma particular de conciencia en lo colectivo desde la diferencia.

La anacronía epifánica en Mala junta, no es solo el zarpazo de lo pretérito, sino que en ese movimiento anticipó su propio tiempo, esas coordenadas en que se desplaza el sentido preguntándose por sí mismo hoy y que habitaba como virtualidad o potencialidad en el pacto representacional de ese otrora presente que se nos muestra ya muy remoto.

Mala junta. 2016. Dirección: Claudia Huaiquimilla. Ficción. Elenco: Andrew Bargsted, Francisco Pérez-Bannen, Eliseo Fernández, Francisca Gavilán, Ariel Mateluna, Sebastián Ayala, Rosa Ramírez, Alex Quevedo, Verónica Medel, Ignacia Uribe. Productora: Lanza Verde, Molotov Cine, Pinda Producciones. Diez premios en Chile; siete internacionales (incluyen premio a la mejor película, mejor actor, mejor música y varios premios del público). 90min. Chile. Disponible en ondamedia.cl

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