LA NAVE DE LA LIBERACIÓN

Durante las últimas dos décadas, el cine cocinado en Chile se ha estrechado con historias de marginados, personas en el límite de la sociedad y con tópicos minimalistas asociados más a las filmografías europeas que a las huestes sudamericanas. 

Afiche de la película.

El largometraje La nave del olvido, dirigido por la chilena Nicol Ruiz Benavente, se suma a este flujo temático para narrar la historia de Claudina (Rosa Ramírez), una mujer de 70 años que arriba a la casa de su hija tras abandonar repentinamente su hogar, debido a la muerte de su esposo. 

En el nuevo barrio, en la sureña ciudad de Lautaro, entre los cantos de las bandurrias y la perenne humedad de la región de La Araucanía, Claudina conoce a Elsa (Romana Satt), su nueva vecina. 

Elsa le rompe su frágil monotonía y la embulle en una retahíla de aventuras: le enseña a manejar, bailan y le presenta “El Porvenir”, la boîte del barrio, donde se reúne la diversidad sexual de Lautaro. El dueño del centro nocturno, Facundo (Raúl López Leyton), un homosexual ataviado con extravagantes trajes, la acompaña en su camino de liberación.

La nave del olvido transmite con sutileza el tránsito, aparentemente iniciático, de Claudina hacia la atracción de su mismo género, pero también la acorrala hacia la incertidumbre. “Nunca me había sentido tan feliz (…) llegar a vieja y recién sentirme así” le dice Claudina a Elsa en una escena en la que ambas son mostradas agazapadas en la cama, el pináculo de la obra fílmica; también le advierte que “no somos de aquí” porque Claudina sufre un ataque homofóbico de unos hombres mientras caminaba de noche con Facundo.

Tráiler de La nave del olvido.

Las escenas de Claudina bebiendo té mientras escucha alguna radio local son el motivo fílmico usado para separar sus estados emocionales y, también, es la suma de varios recursos que duermen el relato de la película en un letargo que debilita el promisorio arco narrativo del metraje.

Pero ninguna tan sofocante como las incomprensibles escenas de avistamientos de… ¿ovnis? Quizá la directora lo intentó cruzar con el diálogo de: no somos de aquí; pretendió metaforizar que una septuagenaria lesbiana en Lautaro es de otro planeta, o intentó ligar una mayor comodidad de la protagonista con seres de otro mundo. Conjeturas arbitrarias y desproporcionadas porque no se comprende en la cinta la presencia de estos espasmos lumínicos en la pantalla.

A pesar de esto, el ínfimo desarrollo de las historias de adultos mayores, homosexuales, y sin estereotipos lastimeros en el cine chileno le concede a la ópera prima de Ruíz Benavides un interesante valor por exhibir la liberación femenina luego de haber vivido 70 inviernos, en un Chile rural, marginal, agreste, olvidado como escenario fílmico. 

La directora Nicol Ruiz.

La relación entre las mujeres trae a la memoria el idilio entre Gabriela Mistral y Doris Dana, por sus similitudes físicas y el afecto que ambas parejas se expresan, en el caso de Mistral, por lo que sabemos gracias a las cartas manoseadas al paroxismo por las casas editoriales. 

El largometraje también expone el recelo y la vergüenza que le propala a Claudina su hija, quien le encara por “hace cochinadas”. 

El elenco es compuesto casi en su totalidad por mujeres, quienes establecen diálogos intergeneracionales. Es quizá, además, la primera cinta chilena que muestra a una adulta mayor masturbándose como trance de su liberación. 

Las actuaciones en La nave del olvido son suficientes –algunas lindan en lo exiguo– y, salvo la protagonista, ningún personaje es bien desarrollado. Una verdadera lástima pues, por ejemplo, Facundo posee un gran potencial que la película no aprovecha.

Ruíz Benavides se suma a la pléyade de directores y directoras chilenas que se encaminan por el cine minimalista, centrado en el individuo por sobre el colectivo, que circula por los festivales de cine y engalanan al país con el único premio Oscar en largometrajes. Elsa se sube a esta nave cinematográfica que, pese a los desperfectos técnicos, no se la llevará al olvido. PP

La nave del olvido. 2020. Directora y guionista: Nicol Ruiz. Productora: Alen cine. Elenco: Rosa Ramírez, Romana Satt, Gabriela Arancibia, Claudia Devia. Largometraje, Chile, 72 min.

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