Dejarlos ser: The Beatles en su laberinto

La escena más comentada de Get Back dura alrededor de dos minutos. En ella se ve a Paul McCartney tocando toscamente su clásico bajo Höfner siguiendo un ritmo frenético, frente a un Ringo Starr y George Harrison que miran con cierto aburrimiento. Pero en unos segundos ese aporreo de cuerdas va transformándose en Get Back, el famoso single de 1969 que da título al filme. La secuencia termina con George y Ringo rendidos y siguiendo el ritmo con sus pies y palmas. Hemos visto nacer un clásico.

Ese registro de un proceso creativo notable, podría levantarse como el ejemplo que siguió el mismo Peter Jackson para construir este monumental documental de casi 8 horas en torno a las semanas en que The Beatles se encerró a intentar armar un show en vivo para que quedara plasmado en un álbum. Enfrentado a más de 56 horas de registro fílmico, junto a 150 horas de audios que fueron rodados para ser un especial de TV, pero que terminó siendo el triste y poco valorado documental Let it be (1970) de Michael Lindsay-Hogg, Jackson machaca este archivo gigantesco con un montaje que condensa los tiempos y va dinamizando y construyendo lo que finalmente termina siendo Get Back: una ventana única a las dinámicas creativas y humanas de la banda más influyente en la historia del rock. Su misión es ensanchar y darle más aristas a lo que Lindsey-Hogg hizo con Let it be.

Así, enfrentado a otra gran cumbre cultural del siglo XX, luego de llevar a la pantalla las obras maestras de J. R. R. Tolkien (El señor de los anillos y El Hobbit), Peter Jackson tampoco aquí escatima en duración y recursos económicos y formales para lanzar un documental presentado en Disney+ en tres partes de más de dos horas y media cada una. ¿Cómo justificar esto? Por un lado el saciar el deseo de los fans de ver a sus anchas a los fab four creando en el estudio, con todos los claroscuros que ello conlleva, sobre todo en este periodo donde ya las fracturas entre ellos se volvían cada vez más densas, pero a la vez, la música se volvía más precisa y perfecta. Por otro, Jackson buscaba desmarcarse del homenaje, de la nostalgia y del filme de archivo para construir finalmente un cotidiano y para ello necesita mucho tiempo. The Beatles: Get Back es, como ningún otro documental musical, un relato detallado del día a día en enero de 1969, donde The Beatles se plantea un desafío enorme: componer doce canciones en menos de un mes, finalizando con unos shows en vivo, lo que al final deriva en su famoso concierto en la azotea de Apple Records.

El tema del archivo es algo que puede jugar en contra del filme, ya que Jackson mete mano dura en los cortes matando a ratos algunos momentos en que uno aspiraría más contemplación, e incluso falsea planos y audios para darle más dinamismo y cuerpo a otros instantes. Pero de esa forma, a la vez pone en escena momentos trascendentales para este proceso como una conversación íntima entre Lennon y McCartney, que fue grabada poniendo un micrófono oculto en el florero de la mesa en la que discutieron. O también uno de los más bellos momentos de la película, cuando Paul relata que vio un filme de sus estadías en la India en 1968 en su casa. Jackson entonces ilustra el relato de Paul con esas mismas imágenes y construye un verdadero cortometraje.

Su rol entonces es contar la historia y además invitar a los no feligreses a también a entender lo que pasa, de ahí también el interés por poner en pantalla los títulos de los temas que suenan, de nombrar a todos los que aparecen en pantalla y a veces incluso a poner imágenes que nos sacan del estudio para ilustrar algunos relatos.

El resultado es tal como ocurre con McCartney componiendo Get Back. Si bien a veces el montaje parece tosco y esta tonelada de indicaciones y mensajes explicativos en pantalla puede perturbar a los más puristas, afloran en medio de este relato armado por Jackson grandes momentos luminosos. Esto van asociados sobre todo a ver cómo el gran mito del rock se relacionaba en la interna, y como ellos mismos valoran su propia historia y vivencias, conscientes de la leyenda viviente que por entonces eran (y son, finalmente).

Siempre la historia de The Beatles se presenta por etapas: el origen en esos meses formativos en Hamburgo, la etapa melenuda y de salto al estrellato, luego una más reflexiva, la sicodélica, y una última más moderna y crepuscular. Y todas las percibimos como si ninguna de ellas se relacionara con la otra. En The Beatles: Get Back, Jackson logra fusionar las experiencias, construir la memoria de los protagonistas. Los cuatro se ven acá tan nostálgicos de cada vivencia y etapa, y constantemente vuelven a recordar esos orígenes para recomponer desde esa nostalgia las rencillas y choques que tienen. A partir de esos momentos aflora también como son conscientes de su talento y por ello se vuelven unas máquinas para perfeccionar cada canción y salir, finalmente, al techo a sorprender al mundo en su última actuación en vivo.

Con una mano ya entrenada para configurar épicas, Jackson logra que el metraje emocione y pare los pelos, sobre todo en su última parte, pero también logra presentar a los cuatro de Liverpool más humanos que nunca, tan pesados como tiernos, tan enemistados como siendo una verdadera familia que se adora y se respeta. He ahí el encanto de esta película elefantástica, que además es también un manifiesto sobre la creación como algo que no es esa fuente divina y mágica reservado a ciertos elegidos, sino que se asocia más bien a la persistencia, a una búsqueda por comunicar y a la obsesión por conseguirlo. Acá lo vemos plasmado en la más grande banda de la historia, la que se daba cabezazos con la pared para terminar presentando pulidos diamantes.

The Beatles: Get Back. Director: Peter Jackson. Intérpretes: John Lennon, Paul McCartney, George Harrison, Ringo Starr. Reino Unido-Nueva Zelanda-Estados Unidos, 2021, 468 minutos.

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