MI PAÍS IMAGINARIO: PRIMEROS INDICIOS SOBRE EL NUEVO DOCUMENTAL DE PATRICIO GUZMÁN

Patricio Guzmán concluirá en las próximas semanas la posproducción de su último largometraje, Mi país imaginario. El filme aborda el estallido social chileno y la elaboración de una nueva Constitución. Está compuesto, principalmente, de entrevistas a mujeres que participan en movimientos sociales y cuenta con filmaciones de Pablo Salas. En este artículo presentamos algunas claves del documental, a partir de declaraciones del cineasta y de su director de fotografía Samuel Lahu.   

El final de La cordillera de los sueños (2019), último largometraje estrenado de Patricio Guzmán (1941), tiene algo de testamento. El director menciona que hay una nueva generación de cineastas que se está encargando de filmar los conflictos por los que atraviesa el Chile contemporáneo.

Después, hace un breve balance sobre la importancia que ha tenido Chile, como principal tema de toda su carrera cinematográfica. Enseguida, confiesa que desde que partió al exilio, luego del golpe de Estado de 1973, ha experimentado un hondo sentimiento de soledad. Las imágenes que acompañan esas palabras profundizan el dolor que contienen: un hombre escala una gigantesca pared de roca en plena cordillera.

Con ello, el filme parece proponer una metáfora de la fragilidad individual delante del trauma de la dictadura. La imagen del escalador es sucedida por la de un pequeño meteorito. La voz de Guzmán lo asocia con una estrella fugaz y formula un deseo en voz alta: que Chile recupere la alegría. 

Como es evidente, se agolpan en esta última secuencia algunas formas clásicas de todo discurso de despedida: el reconocimiento del trabajo emprendido por las nuevas generaciones, con la consiguiente idea de la continuidad del arte, del cine, de la vida, etc; la evaluación de la propia obra; la revelación de pesares íntimos; la evocación de algún anhelo para el futuro.

El cineasta que, al momento de estrenar La cordillera de los sueños filme se aproximaba a los ochenta años, pareciera estar despidiéndose con esas palabras. Visto desde esa perspectiva, el Goya a Mejor Película Iberoamericana que obtuvo ese documental en España, en febrero de 2022, podría ser considerado el último premio a su cinematografía mientras permanece en activo. Lo acompañan varias retrospectivas como la del MALBA en Argentina y la del Festival Cinelatino de Toulouse, en Francia, concluido hace escasos días. 

Sin embargo, hoy sabemos que esa secuencia de La cordillera de los sueños no es el final de una carrera, sino solo el de un filme. Mientras escribo estas líneas, Patricio Guzmán y su equipo de colaboradores –a comenzar por Renate Sachse, su productora y compañera– terminan la posproducción del largometraje documental Mi país imaginario. El título por sí solo parece ahondar en la compleja y, a veces, dolorosa relación que el director chileno ha construido desde la distancia con su país de origen; pero también parecería evocar las expectativas de futuro que el momento actual abre para ChileHabrá que aguardar para saberlo.

Patricio Guzmán no pudo viajar a Toulouse con motivo de la 34° edición del Festival Cinélatino, porque estaba reponiéndose de un problema de salud. Sin embargo, quienes acudimos al certamen pudimos contar con su presencia a través de videoconferencias. Durante los cuatro encuentros con el público que tuve el placer de presentar, junto con la profesora Marion Gautreau, el cineasta y su director de fotografía, Samuel Lahu, nos entregaron algunas valiosas pistas sobre Mi país imaginario. 

No se trata de un filme que siga la línea estética y temática de Nostalgia de la luz (2010), El botón de nácar (2015) y La cordillera de los sueños (2019). Con el nuevo documental, la segunda trilogía de Guzmán no se transformará en una tetralogía. Los últimos tres filmes del director se han caracterizado por un trabajo en torno a la larga temporalidad histórica, así como asociaciones libres entre la geografía chilena, el cosmos, la naturaleza, la memoria individual y la colectiva.

Son filmes que destierran la lógica causal para poner de relieve una concepción de la narración cinematográfica como una “constelación” –sigo aquí la metáfora benjaminiana–, donde el pensamiento discurre trazando figuras que surgen al unir puntos independientes entre sí. En cambio, Mi país imaginario, se alejará de esa estructura –en palabras de Guzmán, se distancia de sus tres últimos filmes “más filosóficos”– y vuelve a darle primacía al evento y a la pequeña duración histórica. 

A partir de sus propias declaraciones en el festival de Cinélatino podemos deducir que Guzmán regresa a la narración de acontecimientos políticos de carácter público y masivo, una característica propia de buena parte de sus documentales desde El primer año (1972), su primer largometraje. Dentro de la filmografía de Guzmán, la primacía del evento encuentra algunos de sus principales exponentes en filmes como la trilogía de La batalla de Chile (1975, 1976, 1979), En nombre de dios (1987) y El caso Pinochet (2001).

Sin embargo, el interés por la corta duración histórica y por el acontecimiento fue dejado atrás después de Salvador Allende (2004), filme realizado con motivo de los treinta años del fin de la Unidad Popular. ¿Qué ha hecho que Guzmán regrese, ahora, al evento? ¿Qué ha ocurrido para que los acontecimientos vuelvan a tener en su cine la centralidad que habían perdido? La respuesta quizás ya ronda la cabeza de los lectores: el estallido social.     

Según el director de fotografía Samuel Lahu, quien trabajó con Guzmán en La cordillera de los sueños y Mi país imaginario ambos filmes funcionan como un díptico. La atmosfera nostálgica y crepuscular con la que termina el primero, encontraría, de acuerdo con Lahu, una suerte de respuesta en el inicio del filme que está en fase de posproducción, al parecer más luminoso y, por ende, esperanzado. 

El nuevo filme también contará con las imágenes de Pablo Salas, uno de los principales entrevistados de La cordillera de los sueños (2019)Sin embargo, como explica Lahu, esta vez Salas ha sido integrado al equipo de filmación del documental, puesto que las imágenes de los primeros momentos del estallido social que aparecerán en Mi país imaginario(2019) corresponden, en su mayoría, a filmaciones realizadas por el célebre camarógrafo chileno.

Como es evidente, Patricio Guzmán solo logró iniciar el proceso de producción del filme algunos meses después del inicio del movimiento social en Chile. Salas, en cambio, saltó a las calles de Santiago para filmar las protestas desde el primer momento –lleva cuatro décadas haciéndolo. En los últimos dos años, Guzmán, Lahu y el resto del equipo de realización han hecho algunos viajes a Chile para filmar el estallido y, posteriormente, la Convención Constituyente. El proceso de filmación se vio dificultado por la pandemia, pero no ha impedido la realización del documental.        

A pesar de la noción de díptico empleada por Lahu, las diferencias entre La cordillera de los sueños y Mi país imaginario son bastante grandes, de acuerdo con la información que Guzmán ha hecho pública en Toulouse. El filme tendrá como espina dorsal una serie de entrevistas con mujeres que militan en diferentes movimientos sociales. En cambio, las reflexiones en primera persona de Guzmán y su propia voz –una característica fundamental de su cine desde Pueblo en vilo (1995) y Chile, la memoria obstinada (1997)– quedarán relegadas frente a los testimonios de las entrevistadas. Las mujeres serán, por lo tanto, protagonistas del nuevo documental, en una clara señal de la importancia del feminismo y, en general, del papel de las mujeres en los acelerados cambios sociales y políticos que experimenta Chile desde el estallido.   

En 1971 Guzmán regresó a Chile desde España. Acababa de concluir sus estudios en la Escuela Oficial de Cine, en Madrid. Su intención original, era filmar películas de ficción. Es más, llegó a ser nombrado director del filme histórico sobre Manuel Rodríguez que la empresa Chile Films proyectaba realizar.

Sin embargo, los problemas económicos de la empresa y la efervescencia social que vivía el país llevaron a que Guzmán decidiese salir a la calle, con un pequeño equipo de producción, a filmar los acontecimientos que se sucedían, a toda velocidad, durante el gobierno de la Unidad Popular. De esa experiencia surgió así su primer largometraje, El primer año (1972)

Cincuenta años después, parece haber realizado un ejercicio similar, salir a la calle para filmar la historia en marcha. Sabemos que la estética será diferente, como también lo será su mirada sobre la realidad chilena. Pero quizás haya algo en los dos gestos que se mantiene, como si al inicio y al final de la carrera de Guzmán la fuerza de los eventos hiciera que su cine experimente un bucle o una suerte de espiral que aproxima ambos extremos.

Es solo una hipótesis, construida a ciegas, tanteando los pocos indicios disponibles. También habrá que esperar para ver si en Mi país imaginario el Chile que retrata Guzmán ha logrado recuperar la alegría que tanto deseaba el director en La cordillera de los sueños o si, al menos, se acerca, poco a poco, a ella.PP

Mi país imaginario. 2022. Director: Patricio Guzmán. Documental. Francia-Chile.

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