TIERRA EN DISPUTA

Desde que Ucrania, es decir el antiguo Rusk de Kiev, dio origen a Rusia, hace más de mil años, hay disputas por la posesión de uno de los mayores graneros del mundo. Por eso el máximo monumento del cine ucraniano se llama La tierra y fue estrenado hace noventa y dos años.

Fotograma de la película.

Un anciano muere sonriente y rodeado de manzanas y niños juguetones. Su nieto Basilio asiste a la natural escena. Los trigales son movidos por el viento. A la aldea agrícola llega un tractor y el joven Basilio estimula a los campesinos a formar una cooperativa para arar las tierras abandonadas por los terratenientes, que obviamente no se quedarán de brazos cruzados y desatarán la tragedia imaginable. Pero sabemos que el pueblo unido…

El argumento responde a lo que se podía esperar del cine soviético a los comienzos del reinado de Stalin. Debía ser una obra proselitista y educadora para convencer a todos de las bondades del proceso de la colectivización de la propiedad agrícola. Ya Eisenstein había hecho lo mismo el año anterior con La línea general, también llamada Lo viejo y lo nuevopor causa del remontaje que ordenó Stalin en persona. No sería distinto el destino de La tierra.

Aleksander Dovzhenko (1894-1956) era hijo de una familia campesina y había obtenido su educación con el gran esfuerzo de sus abuelos. Estudió pedagogía y luego pintura, después de lo cual pasó al cine y los estudiados encuadres y asociaciones libres de sus montajes deben mucho a la plástica de la vanguardia de entonces y a la poesía popular. 

La tierra fue la cuarta de sus películas, cuando ya su madurez creativa lo había hecho perder el miedo a expresar sus propias ideas en la obra. Puede que tal actitud hoy nos parezca natural, pero en la época podía ser un desafío imprudente a las exigencias propagandísticas que se le había asignado al cine. Sin quererlo Dovzhenko agarró vuelo poético y, claro, los de la planicie lo agarraron a tiros.

El tema privilegiado de la película es la tierra, con su permanente ciclo biológico de vida y muerte, como bien lo ilustra la bellísima secuencia inicial de la muerte del anciano, íntegramente construida con planos sencillos e independientes unos de otros, que permiten asociaciones e interpretaciones múltiples y que elevan el acontecimiento a una dimensión mucho mayor que la de ser simple ilustración de una acción física. 

Todo en la película admite una lectura interpretativa, gracias a su montaje. Justamente lo que no querían los funcionarios del régimen. El crítico de Pravda acusó a la película de “ausencia total de características de clase en los personajes y de las fuerzas en lucha, falta de motivaciones sociales y económicas en sus acciones, cayendo en el panteísmo”Como si no fuera suficiente se la acusó de pornografía, por incluir un dramático desnudo de la novia del protagonista que golpea desesperada las paredes del dormitorio al saber de su asesinato.

El realizador Aleksander Dovzhenko.

En la secuencia final las acciones paralelas alcanzan una apoteosis coral de mucho efecto. El cadáver de Basilio pasa bajo los árboles y entre medio de los girasoles, la multitud de campesinos lo acompañan, muchos se santiguan y un sacerdote clama a Dios por el castigo a los incrédulos. 

También esto fue discutido, ya que podía inducir la idea que los incrédulos son los reaccionarios, no los revolucionarios, lo que al parecer estaba en las intenciones del autor, que si bien no era creyente, tampoco veía a ciertos sectores de la Iglesia como enemigos. De hecho sería acusado, entre otras cosas tremendas, de ser cristiano.

No quedaron dudas sobre el llamado final a unir las fuerzas en pos del futuro. La gran masa campesina observa impasible y escucha un discurso. Paralelamente el asesino enloquece solo en medio de un amplio paisaje desde el que grita sus culpas, pero el pueblo no lo oye. Sólo hay oídos para el dirigente y el canto visible de la naturaleza mecida por una brisa que parece el hálito de la Historia.

Pero en otros sectores la película fue alabada como un gran poema lírico, uno de los mayores monumentos cinematográficos de la historia. Su nombre trascendió las fronteras, aquellas que Dovzhenko jamás podría atravesar, y sólo al final de sus días el realizador Sergei Yutkévich (1904-1985) le hizo ver pruebas de su fama en el resto del mundo. 

En ocasiones se ha acusado a Dovzhenko de no haber sido un mártir, como Maiakovski o Meyerhold, y la verdad es que a pesar de las censuras sistemáticas a las que fue sometido, nunca fue detenido. Al parecer Stalin lo admiraba y también le servía. La tierra era, sin dudas, un gran monumento fílmico sobre el proceso de la colectivización agraria, hecho político y económico que en realidad se transformó en un gran desastre en todos los ámbitos y que terminó costando tres millones de muertos de hambre a mitad de los años treinta. 

En los diarios que su viuda supo conservar, como todo el resto de su legado, el cineasta expresó toda su amargura por esto y por los horrores de la Segunda Guerra, en la que él participó activamente y a la que le dedicó tres grandes documentales, que también sufrirían alteraciones de montaje. Todo indica que tuvo conciencia de las calamidades que lo rodearon y vivió lo suficiente como para ver desmontado parte del aparato represivo de Stalin.

Hoy La tierra sigue glorificando un ideal que la realidad nunca pudo ofrecer. Pero no por eso es menos admirable, ni menos poética. Contiene algunas de las más originales expresiones del montaje cinematográfico y algunos momentos de alta belleza expresiva y de simbiosis entre las pasiones humanas y los ciclos naturales: el llanto del cielo por el asesinato del revolucionario es una lluvia sobre miles de manzanas, que después serán la masa coral que se sumará a los cambios necesarios para amalgamarse al paso de los tiempos. Mientras se desarrolla el funeral otra mujer da a luz un niño y así sigue el ciclo de la vida.

Pocas películas alcanzan a asomarse con tanta intensidad a vislumbrar una plenitud que aún es un eventual futuro.PP

La tierra (Zemlia) Director y guionista: Aleksandr Dovzhenko; intérpretes: Stefan Śkurat, Yuliya Solntseva, Elena Maximova; Fotografía: Daniil Demuckij; Producción: VUFKU (Kiev); URSS. 1930, 84 minutos. 

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