LAS DOS GLORIAS

En inglés existe un dicho que encierra sabiduría y pragmatismo: “If it’s not broken, don’t fix it”: si no está roto, no lo arregles. Gloria Bell, la versión hecha en Hollywood de Gloria, parece haber sido creada bajo esa máxima.

La industria cinematográfica nos ha acostumbrado a los remakes, versiones nuevas de películas no tan nuevas. Con el tiempo, uno va desarrollando un sano escepticismo, porque la historia del cine está plagada de actualizaciones que no llegan a los talones de la original, como la versión que Gus Van Sant hizo de Psicosis en 1999, una imprudencia que raya en la herejía.

Hay también ejemplos en que el modelo nuevo supera a su antecesor, como Caracortada (De Palma, 1983) que prácticamente hizo desaparecer la versión que Howard Hawks estrenó cincuenta y un años antes, casi como se desvanecían las fotos en Volver al Futuro.

A menudo ocurre que Hollywood lleva al siempre hambriento mercado estadounidense películas hechas en otros países y otras lenguas. Como Vanilla Sky (2001), en la que Cameron Crowe demostró que incluso con un reparto estelar y abundante presupuesto se puede arruinar un filme magnético como Abre los ojos (Amenábar, 1997). 

Gloria Bell podría haber entrado en esta última categoría, pero es excepcional, en parte porque las dos Glorias son hijas de los mismos padre y madre, el director Sebastián Lelio y la montajista Soledad Salfate. No se trata de un caso en el que Hollywood compra una historia en español y la rehace a su pinta. En cambio, es un raro ejemplo en el que ilumina con sus reflectores el proyecto original, le saca lustre y lo pone en las vitrinas del público estadounidense y global.

Ambas Glorias son mellizas, criadas a kilómetros de distancia pero asombrosamente similares e igualmente bellas. Esto es mérito de los hermanos Larraín (a la sazón, los padrinos), quienes pudieron conservar la esencia de la hermana mayor para su reencarnación cinco años más joven.

Gloria es una mujer de más de cincuenta años, divorciada, que frecuenta salones de baile en busca de ¿amor? ¿otra oportunidad? ¿una velada agradable? Una de esas noches conoce a Arnold/Rodolfo (John Turturro/Sergio Hernández), también separado, quien dice querer “cambiar las cosas, la vida”. Pero en la primera cita su teléfono interrumpe el momento menos oportuno, y seguirá sonando para demostrar que aún está demasiado amarrado a su antigua vida, tal vez incluso amordazado, rehén. Gloria se entusiasma, se arriesga y lo lleva al cumpleaños de su hijo. Ahí le ofrecen fumar marihuana y ella se niega, porque “teme perder el control”. A la larga terminará dándose cuenta que más vale estar sola que mal acompañada y que perder el control puede ser necesario y hasta terapéutico.

Paulina García: la Gloria original

Durante el metraje el rol protagónico recorre todas las emociones humanas y requiere una interpretación a la altura de esas exigencias. Quienes nos hemos encandilado por años con las interpretaciones de Julianne Moore celebramos al saber que haría suyo el papel que le mereció a Paulina García un Oso de Plata en Berlín.

La traducción es un arte complejo, riesgoso. El dicho italiano traduttore, traditore exhibe el peligro de que en la traducción se termine traicionando al original. Gloria Bell pasa con nota máxima ese examen, el guión de Gonzalo Maza y Lelio —que colaboran desde Navidad (2009)—, conserva en inglés su potencia y su chispa. Es una traducción limpia, respetuosa, hecha con cariño y cuidado.

Hay equivalencias fáciles (si García toma pisco sour, Moore bebe martinis) y otras que de seguro tomaron más trabajo, como la cuidadosa selección musical. Así, cuando la chilena maneja por Santiago cantando a Paloma San Basilio o Massiel, la estadounidense avanza por Los Ángeles cantando a Gloria Gaynor y Olivia Newton-John. Y a pesar de ser canciones distintas, cada una de las Glorias está cantando el mismo sentimiento en el momento correcto. Ya sea I’m all out of love de Air Supply o No more lonely nights de Paul McCartney.

Hay traducciones imposibles, la escena en que la Gloria chilena participa de un cacerolazo es una comunión que no se puede explicar. El papel de la nana es también intraducible, pero cumple un rol importante. La Gloria gringa, en su lugar, tiene mamá. Esta diferencia es relevante, es la diferencia entre estar protegida por la madre o en el desamparo de la orfandad típica de alguien que se acerca a los sesenta. En una escena epifánica, Gloria se encuentra cara a cara con la muerte, disfrazada de la calavera que un titiritero hace bailar al ritmo del Twist del esqueleto. Aquí se expresa esa diferencia, pues Paulina García mira a la muerte desafiante, mientras Moore lo hace con desprecio.

Hubo también coincidencias afortunadas, como la canción final. Primero, por la suerte de que el éxito de Umberto Tozzi tenga versiones en italiano, castellano e inglés. Segundo, porque la de Laura Branigan no es una traducción directa como la castellana, sino una letra completamente distinta y mucho más adecuada como culminación del filme. Mientras el italiano le canta a una Gloria ausente que añora “faltas en el aire, faltas en mi pecho”, Branigan parece estar aconsejando a una amiga “I think you’ve got to slow down, before you start to blow it” (Mejor baja las revoluciones antes de empezar a meter la pata).

Gloria comienza buscando con quién bailar, en el camino pierde un zapato como Cenicienta, pero finalmente es otra y cuando un hombre la saca a bailar dice que no, porque ya no busca príncipes azules o de ningún otro color. De todas formas se suma a la pista de baile. Aquí también hay una traducción difícil, porque en inglés se puede hacer la diferencia entre bailar solo (alone) y bailar con uno mismo (with myself). Gloria llega al final completa, sin necesidad de otra mitad, con una claridad que también es muy acorde a los tiempos y eso hace que su historia (en inglés o en castellano) sea necesaria, útil y vigente.

Gloria Bell. 2018. Dirección: Sebastián Lelio. Intérpretes: Julianne Moore, John Turturro, Michael Cera. Comedia dramática y romance. Productora: FilmNation Entertainment / EEUU  y Fábula / Chile.102 minutos. Estados Unidos.

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