DUNE
He salido de la sala de cine y estoy en mi casa pensando en cómo escribir una crítica acerca de lo que acabo de ver y me hallo en una disyuntiva: ¿la escribo como cineasta o como fan de Dune? ¿Como fan de Villeneuve o fan del storytelling?
He salido de la sala de cine y estoy en mi casa pensando en cómo escribir una crítica acerca de lo que acabo de ver y me hallo en una disyuntiva: ¿la escribo como cineasta o como fan de Dune? ¿Como fan de Villeneuve o fan del storytelling?
Que la realidad termine imitando la ficción (que, después de todo, es una forma creativa de la realidad) no es nada nuevo. Pero eso no evita sorprendernos con el preocupante parecido que una de las más famosas películas de Frank Capra tiene con hechos recientes.
Hay temas y relatos que parecen no conocer el ocaso de sus posibilidades. Puede que ser porque continúan siendo ejemplos de una permanente conducta social y que, por lo tanto, vuelven al presente para señalarnos lo que repetimos como error, una y otra vez.
Dupieux, Forgeard, Bozon, Judor, Bédia, Gardin, Zadi, Eboué, Brac, Triet, Letourneur, Fillières, Chaumet. Desde la escritura, la puesta en escena, la producción y la interpretación, hay un cine autoral cuyo humor se muestra multifome y vigoroso. A veces tristón y satírico al mismo tiempo, normalmente sumergido en alguna hondura de la comedia humana. Pero mucho no nos enteramos por estos pagos, pese a que ya hay bastante a mano en las plataformas.
Esta es una película concluida poco antes de la pandemia y que, en circunstancias normales, debería haber llegado a la cartelera. Pero nunca llegó. Y es también un título que la crítica más responsable debió haber exaltado, pero por el cual casi nadie en realidad ha movido un dedo.
Hay temas, motivos y hasta íconos que persisten en la filmografía de Paul Shrader. Uno remite al rigor de crecer en una familia calvinista, que no le permitía ver cine. Tenía 17 años cuando vio por primera vez una película. Otra fijación es su búsqueda de lo “transcendental” mediante una visualidad austera que, junto tributar a Bresson, Dreyer y Ozu, consigue dotar a sus realizaciones de una cierta “vibra rockera” propia del Cine B de explotación. Ambas obsesiones están presentes en su última obra.
Escribir, pensar y hablar hoy está inevitablemente cruzado por la experiencia singular y colectiva de la revuelta: una ruptura reordenó lo inimaginable. Este escrito fue pensando inicialmente en marzo de ese 2019 -cuyo octubre se tiñó de banderas negras- bajo la sospecha, quizás ingenua entonces, de que con el estreno de Mala junta (2016), de Claudia Huaiquimilla, un tigre había saltado desde lo pretérito, transformándose en una rara avis, al colocarse fuera del entramado de discursos predominantes de la otrora contemporaneidad cinematográfica chilena.
La ciudad se convierte en un vehículo para reconocerse, donde el paisaje citadino constituye un imaginario, con imágenes que se transforman en parte de un discurso que escarba en el tema de la identidad nacional.
A primera vista, podría parecer que Promising young woman es solo una película de venganza y algo de verdad hay en eso. Pero, más allá de esa superficie, es una historia sobre las desigualdades y la violencia que aún vivimos las mujeres. Así, nos hace preguntarnos: frente a la oportunidad, ¿serías el ángel castigador o el del perdón?