LAS DOS GLORIAS
En inglés existe un dicho que encierra sabiduría y pragmatismo: “If it’s not broken, don’t fix it”: si no está roto, no lo arregles. Gloria Bell, la versión hecha en Hollywood de Gloria, parece haber sido creada bajo esa máxima.
En inglés existe un dicho que encierra sabiduría y pragmatismo: “If it’s not broken, don’t fix it”: si no está roto, no lo arregles. Gloria Bell, la versión hecha en Hollywood de Gloria, parece haber sido creada bajo esa máxima.
Este artículo revisita nueve filmes nacionales (siete largometrajes de ficción y dos documentales) que pueden contener señales de la -a veces subterránea, hoy explicita- tensión colectiva de la sociedad chilena. No somos los primeros en realizar este ejercicio: hay que reconocer el crédito a CineChile. Pero hemos tomado la posta, partiendo de algunos supuestos.
La odisea de los giles, como una suerte de comedia con ribetes de tragedia, muestra mediante una clásica estrategia coral, como un pintoresco grupo de ciudadanos se convierte en una banda de forajidos. Y todo esto en el marco de una Argentina ultra pauperizada, y cuya imagen más recurrente es la del “corralito”.
Al menos, cuatro toneladas de material de documentación de la historia del cine y cerca de dos mil copias de películas, pertenecientes a la Cinemateca Brasileña, ubicada en Sao Paulo, ardieron la pasada noche del 29 de julio, en un incendio que se expandió rápidamente, dado el tipo de elementos altamente inflamables, almacenados en un galpón de mil metros, de los cuales 300 fueron consumidos por el fuego.
No hubo Oscar. Pero Maite Alberdi, y su protagonista -devenido en personaje no solo público sino, casi unánimemente, querido- han recibido más atención que cualquier otra película nacional en los últimos tiempos. Tiempos en que la pandemia le ha impedido ser vista en salas de cine, pero que ha aumentado su taquilla vía streaming.
Por sus dimensiones temporales desaforadas esta película podría resultar apabullante, pero afortunadamente no se siente siempre esa longitud. Cabría preguntarse si el relato se justifica durante tantas horas, o si se trata de otro caso de megalomanía creativa, de esa que surge puntualmente en ciertos territorios de nuestra inmensa geografía americana.
Lanzada en 2016, durante el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias, la plataforma digital para ver cine de Bolivia, Ecuador, Perú, México, Uruguay y Colombia, Retina Latina ha venido a llenar el espacio que las distribuidoras comerciales y las de streaming del mismo tipo dejan vacío: dar acceso a parte de la cinematografía actual del continente debido a la ausencia de un mercado de cine latinoamericano.
Puerto Montt, en 1941, no debió ser muy poético ni cosmopolita; tampoco de gran cultura cinematográfica. Proust y Shakespeare estaban en alguna biblioteca, pero no hay registro de que un niño local los haya leído para nutrir una imaginación que ya parecía amenazar con productos futuros, al decir de sus padres. Lo veían leer Flash Gordon e ir a la matinée, horario permitido para niños. Aparentemente todo muy normal.
Hacer arqueología fílmica, a partir de un hallazgo casi milagroso, reconstruir y crear son tareas mayores. Son las que asumió el equipo liderado por la realizadora Valeria Sarmiento, la actriz y productora Chamila Rodríguez y el montajista Galut Alarcón tras ser encontrados los rollos de El tango del viudo (1967), mítico y perdido primer largometraje de Raúl Ruiz.