ROGER CORMAN (1926-2024)
Fue una máquina de hacer películas como guionista y director, además de productor de una cantidad similar a las que dirigió y cuya especialidad era, según propia definición: “todos los géneros y mientras más baratos mejor”.
Fue una máquina de hacer películas como guionista y director, además de productor de una cantidad similar a las que dirigió y cuya especialidad era, según propia definición: “todos los géneros y mientras más baratos mejor”.
Sofia Coppola se especializa en tiempos muertos, en la forma sutil en que muestra los espacios y, sobre todo, en relatar a mujeres que se aburren. No porque sean poco interesantes o interesadas, sino porque “algo” las ha detenido en sus potenciales. En “Priscilla”, basada en la biografía de la primera y única esposa de Presley, y situándola en el centro de una fotografía que privilegia los claroscuros, hace brillar a quien pareció destinada a ser una sombra.
No hay que pedirle peras al olmo, dice el dicho. Los asesinos de la luna (Killers of the flower moon, 2023) tiene todo para ser la épica de los pueblos originarios norteamericanos. Sin embargo, Scorsese vuelve con otro relato sobre las tensiones entre la masculinidad y el poder, que irónicamente suprime y banaliza la que podría haber sido una gran tragedia sobre las víctimas de un genocidio.
De los cuatro o cinco filmes -no más- con que Hollywood y su Academia buscan convencernos, otra vez, de que su fin último aún es hacer cine “de calidad”, éste está entre lo más rangoso. Resulta en principio atractivo y su impecable factura visual es a ratos hasta brillante. Luego sus muchos logros individuales no bastan y se revela confuso, disperso, y también artísticamente pretencioso.
El ejército francés nunca disparó sus cañones contra las pirámides en Egipto. María Antonieta no llevaba ese corte de pelo en su ejecución y, además, Napoleón no estaba presente. Las voces de los eruditos gritan con furia, mientras se rasgan las vestiduras. Profieren las palabras “anacronismo” y “tergiversación” como si fueran un anatema. Si Ridley Scott buscaba la polémica como forma de promocionar su último filme, lo ha conseguido.
Difícil que su rostro no se haga presente en la historia del cine occidental de los setenta, desde el melodrama barato hasta la super producción internacional. En todos los casos alcanzó una eficacia que pareció ser el resultado de muchos dolores de cabeza para sus directores.
Barbie es una película tan inteligente como su campaña publicitaria: ambas tienen el mérito de hablarle a diferentes audiencias sobre sus propios intereses. Unos verán denuncia; otras, parodia; algunos un nuevo engaño comercial o incluso un hito histórico. Con el grado justo de ambigüedad y sin tomarse en serio a sí misma, permite ver en la película lo que uno quiera. Primer Plano ofrece las visiones convergentes de Mónica de Simone, Hans Stange y Ayelén Lonconao.
Más que un relato histórico, en Oppenheimer, Christopher Nolan convierte al cientifico en un punto de vista, dividido entre la fatalidad de un destino que no puede evitar y la culpa por haber creado la bomba atómica. Más que un retrato, el filme es una inquietante invitación a preguntas difíciles que es necesario plantearse de nuevo.
A primera vista, este filme de 1963 de Alfred Hitchcock (1899-1980) pareciera una comedia romántica. Sin embargo, a poco andar instala una sensación que va progresando en suspenso y terror que, a sesenta años de estrenada ofrece una conexión con aspectos aún inquietantes para la sensibilidad actual.